Laicado católico

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Contamos por miles en la Diócesis de Ciudad Real los seglares implicados en tareas pastorales de todo tipo: catequéticas, celebrativas, caritativas y sociales, asociativas… y si el método más fiable de investigación sociológica es la observación directa, soy testigo de ello después de las dos visitas pastorales que he hecho. Y si han durado cada una de ellas cinco años debo decir que, después de estos doce años que estoy con vosotros en Ciudad Real, la colaboración de los seglares ha crecido.

Sin embargo, en el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, debemos poner el foco de atención, no tanto en la colaboración de los seglares en tareas intra-eclesiales sino en la implicación en tareas propias del Apostolado Seglar que van más allá, pues salen de las paredes de nuestros centros parroquiales para actuar en la transformación de las estructuras sociales según el Evangelio como indica el Concilio Vaticano II: «Es preciso, con todo, que los laicos tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden; que cooperen unos ciudadanos con otros, con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme con los últimos principios de la vida cristiana, adaptándose a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos. Entre las obras de este apostolado sobresale la acción social de los cristianos, que desea el Santo Concilio se extienda hoy a todo el ámbito temporal, incluso a la cultura» (Apostolicam actuositatem, 7.4)

Gracias a Dios, desde que se dijo esto en el Concilio hace cincuenta años, ha crecido mucho la implicación personal de todos: obispos, sacerdotes, religiosos y seglares en la presencia pública personal e institucional, buscando esa cooperación con otros ciudadanos en la búsqueda del bien común. Sin embargo, esta cultura del vértigo en la actividad laboral —para el que tiene trabajo— y social en general, va empujando en nuestro país a la persona a la incapacidad de sacar tiempo para otro tipo de actuaciones que nos sean mas que las directamente individuales.

En este día, muy especialmente, hay que recordar la llamada permanente que nos hace el papa Francisco a llevar adelante «la reforma de la Iglesia en salida misionera». Esto lleva consigo que cada uno de los miembros del Pueblo de Dios, con la alegría y el impulso del Evangelio, demos al Señor la respuesta de nuestra implicación personal en la actuación en la calle conforme a lo que nuestra vocación y estado de vida requieren.

Para esto necesitamos la experiencia y el patrimonio histórico que han ido acumulando los Movimientos Apostólicos en la manera de sentir «lo que está pasando» y en cómo actuar en los distintos campos de la política, la vida sindical, la cultura, la educación, y toda actividad humana en general. Por una parte nos tenemos que liberar de la presión de lo que se tiene por bueno y no lo es —lo políticamente correcto— y, además, como dice Santa Teresa: «Porque andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas, que es menester hacerse espaldas unos a otros los que le sirven para ir adelante, según se tiene por bueno andar en las vanidades y contentos del mundo». En una palabra, necesitamos ampliar la pertenencia a los Movimientos de Acción Católica y de Apostolado Seglar para fortalecer la presencia de los seglares en la vida pública con solvencia y acierto.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.