Un renovado Pentecostés

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell            Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Cincuenta días después del acontecimiento de la Pascua, de la muerte y resurrección del Señor Jesús, celebramos la solemnidad de Pentecostés, día en que agradecemos el don del Espíritu del Resucitado. Podemos destacar tres actitudes fundamentales en este tiempo propicio y trascendental.

1) Actitud de oración. Lo que sucedió en los orígenes, cuando los Apóstoles, junto con la Virgen María, estaban reunidos en el Cenáculo de Jerusalén, perseverando unánimes en la oración, nos enseña, en primer lugar, a mantenernos unidos, en humilde y confiada espera, con actitud suplicante.  Han precedido días intensos de plegaria, de fervorosa y repetida invocación a Dios para recibir una renovada efusión del Espíritu Santo sobre nosotros. Hoy es un día de oración agradecida, de súplica apasionada y de plegaria comprometida. Agradecemos los dones con que el Espíritu nos obsequia, vivimos con ilusión el presente que nos regala y dirigimos nuestra mirada responsable y esperanzada hasta el futuro hacia el que nos orienta.

2) Actitud de alabanza. Toda la creación alaba al Espíritu Creador que hizo todas las cosas con bondad y sabiduría. El mundo es fruto del amor de Dios y nuestros labios se abren para proclamar la alabanza gozosa.  La alabanza es acción de gracias, alegría en Dios, bendición por sus grandes hazañas. Alabar significa dar espacio al Espíritu Santo en nuestra vida y en nuestra historia, permitirle entrar en nuestro tiempo y en nuestro obrar. Cuando se proclama la grandeza de Dios, la humanidad no resulta empequeñecida, sino engrandecida, y el mundo queda iluminado.

3) Actitud de renovación. El Espíritu Santo purifica los corazones, apaga el incendio del mal y enciende el fuego del amor. Hoy “el mundo brilla de alegría” y “se renueva la faz de la tierra”. “Ésta es la hora el que rompe el Espíritu el techo de la tierra, y una lengua de fuego innumerable purifica, renueva, enciende, alegra las entrañas del mundo”, canta un himno litúrgico.

El Espíritu Santo sigue actuando en nosotros y renovándonos en cada instante. Por ello, le suplicamos: “Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos”.

La acción del Espíritu Santo es incesante: “Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero”.         El Espíritu Santo es el que nos hace reconocer y proclamar que Jesús es el Señor. La fe es consecuencia de la palabra y de la obra del Espíritu en nosotros.

Pedimos a la Virgen María que interceda para que la Iglesia experimente un renovado Pentecostés que infunda en todos, y en especial en los jóvenes, la alegría de vivir y de anunciar el Evangelio.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.