PENTECOSTÉS 2015

Mons. MurguiMons. Jesús Murgui         Ya casi en el final del curso pastoral 2014-2015 se nos concede de nuevo celebrar la solemnidad de Pentecostés precisamente en la culminación de un tiempo en el que nuestra Diócesis ha tenido como referencia la tarea de discernir, con la invocación constante al Espíritu Santo, los caminos para un nuevo Plan Diocesano que nos ayude a hacer realidad creciente el deseo de ser una Iglesia en un perenne Pentecostés, es decir, el deseo de ser una Iglesia misionera, “en salida”, tal como nos pide el Papa Francisco en Evangelii Gaudium.

Con la solemnidad de Pentecostés llega a su fin – o sea, llega a su plenitud – el tiempo pascual. Con el don del Espíritu se derrama el amor de Dios sobre toda la creación y baja a lo más profundo del corazón de cada persona, comunicándole vida y belleza. El “viento impetuoso” y las “lenguas como de fuego” (Cf. Hch 2, 2-3) son imágenes muy elocuentes para expresar la fuerza irresistible, la universalidad y la profundidad de lo que sucede. Es una transformación comparable a una segunda creación; estamos ante una verdadera inundación de gracia que derriba toda barrera entre el cielo y la tierra e instaura una comunión total. Nuestra tarea ahora es no hacer vana la gracia que nos ha sido dada, sino hacer que dé frutos abundantes.

El misterio de Pentecostés es misterio de santidad, esto es, de “entrega total” a Dios. ¿En qué sentido? La perícopa evangélica que leemos este domingo (Jn 20, 19-23) nos ofrece un marco iluminador y muy emblemático. Es la noche de Pascua. Los Once se han encerrado en casa, desorientados y perdidos. ¿No nos pasa también a nosotros, a veces, que sepultamos nuestra fe entre las paredes de nuestra casa, probablemente con el pretexto de querer ser respetuosos con la libertad de los otros? Pero Jesús nos conoce, tiene la llave para abrir nuestros corazones. Silencioso e inesperado, fiel y misericordioso, viene y se da de nuevo a sí mismo: «La paz este con vosotros. Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 21. 22). Y todo cambia.

En el día de Pentecostés, los discípulos, inundados de vida, sienten arder en su corazón el deseo de convertirse en misioneros del Evangelio. Nace así la Iglesia, morada del Espíritu, llamada a suscitar vida. Nace de la pequeñez, como la pequeña semilla de mostaza en un campo sin límites, pero parece no darse cuenta de esta evidente desproporción: sabe que su secreto es la fuera del amor, del amor de su Señor. Es el amor el que da energía y hace proceder con la audacia del que se atreve a todo por que cree.

Que el Espíritu Santo siga impulsando en nosotros el discernimiento de los caminos a seguir, y siga dando fuerza a la tarea evangelizadora de nuestra Iglesia a favor de esta humanidad, objeto del amor de Dios. El Espíritu Santo, en un renovado Pentecostés, nos transforme en apóstoles en el corazón del mundo, saliendo desde nuestras familias, colegios, comunidades y movimientos. Así seremos fieles a la gracia recibida para impulsar nuestras vidas y el mundo que nos rodea, desde el amor que Él nos da para renovar la tierra.

María, Madre de la Iglesia, siga en medio de nosotros, como el día de Pentecostés en medio de los apóstoles, para ser nuestro modelo de acogida y docilidad al Espíritu, y nuestra intercesora para ser la Iglesia que, a imitación suya, muestra con palabras y obras las maravillas de Dios en la historia.

+ Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.