Pentecostés

atilanoRodriguezMartinezMons. Atilano Rodríguez          El día de Pentecostés la Iglesia hace memoria y celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Gracias a la actuación del Espíritu, los discípulos experimentan una profunda transformación interior que les permite superar el miedo, vencer los propios criterios y salir en misión hasta los últimos rincones de la tierra para anunciar y dar testimonio del amor y de la salvación de Dios a todos los hombres.

A lo largo de la historia de la Iglesia, millones de hombres y mujeres, impulsados por el soplo del Espíritu Santo, han confesado con sus palabras y han testimoniado con sus obras de solidaridad y servicio a sus semejantes el infinito amor de Dios a la humanidad, manifestado en la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

En este momento de la historia, el Señor nos llama a cada uno de nosotros y nos pide que ofrezcamos ese testimonio de amor a nuestros semejantes. Ahora bien, para ser testigos del Señor y para mostrar su amor, es preciso que respondamos conscientemente a sus llamadas, que lo conozcamos interiormente y que vivamos la experiencia de su amistad. La invitación al anuncio y al testimonio de Jesucristo, recibida el día del bautismo, es preciso renovarla constantemente, permitiendo al Espíritu Santo actuar en nosotros. Si no lo hacemos, en vez de ser hombres y mujeres de Espíritu, podemos caer en la rutina pastoral, en el conformismo y en el desánimo apostólico.

Además, para ofrecer un testimonio convincente del Resucitado al hombre de hoy, hemos de estar dispuestos a salir de nosotros mismos y de nuestros intereses personales hacia las periferias humanas. Todos los bautizados, impulsados por el soplo suave del Espíritu, hemos de mostrar a quienes viven alejados de Dios una Iglesia de puertas abiertas que anime a salir a quienes están dentro y que, al mismo tiempo, acoja con misericordia y compasión a quienes se acercan a ella buscando plenitud de sentido para su existencia.

El Espíritu Santo ha sido y es enviado constantemente por el Señor al mundo para hacernos hijos de Dios y para recordarnos todo lo que Él nos ha enseñado. De este modo podemos avanzar en el conocimiento de la verdad y llegar a la participación de la gloria con todos los santos y elegidos. Este mismo Espíritu es el motor de la historia, el agente principal de la evangelización y el que derrama en nosotros el amor de Dios para que aprendamos a amarnos unos a otros como Él nos ama.

La Iglesia y cada uno de sus hijos, para ser Buena Noticia en medio del mundo, necesitamos la orientación, el impulso, la fuerza y los dones del Espíritu Santo. En el camino de salida hacia los necesitados, el Espíritu nos ayudará también a detener el paso para mirar a los ojos a quienes están tristes y desanimados y, si es preciso, para levantar del suelo a quienes están tirados al borde del camino.

Invoquemos al Espíritu para que nuestra Iglesia viva siempre descentrada, es decir, para que tenga su centro siempre en Jesucristo y en el hombre necesitado de salvación. No olvidemos nunca que la historia de Dios con la humanidad llegará a su consumación cuando nos amemos los unos a los otros con el mismo amor con el que Él nos ama.

Con mi sincero afecto, feliz fiesta de Pentecostés.

+Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.