Vigilia pascual (y 6).- Eucaristía memorial de la Pascua

vivessiliaMons. Joan E. Vives      En la Vigilia Pascual, tras los diversos momentos de la celebración que hemos ido reflexionando durante estas semanas en los artículos precedentes, llega la culminación de la fiesta de la Pascua, la Eucaristía propiamente dicha. El mismo Cristo, «re-presentado» por la persona del ministro ordenado que preside en su nombre a todo el Pueblo de Dios, se hace realmente presente de la manera más real y significativa. El Concilio Vaticano II habló de las diversas presencias del Señor (SC 7) y definió que la Eucaristía es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (LG 11). Y también que «los demás sacramentos, al igual que todos los ministerios eclesiásticos y las obras de apostolado, están unidos con la Eucaristía y hacia ella se ordenan. Pues en la sagrada Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascua» (PO 5).

En la Vigilia Pascual y en todas las Eucaristías, aportamos pan, vino y agua (como ya decía San Justino en el siglo II) sobre el altar, con las otras ofrendas para los pobres que se recogen, y así, este poco nuestro, Jesucristo lo transforma y lo hace comida santa, Pan de vida eterna. Y oramos con la solemne plegaria eucarística, en la que recordamos el relato de la institución. Jesucristo entra para quedarse con nosotros, se sienta a la mesa en medio de nosotros, toma el pan, dice la bendición y lo parte para dárnoslo. Y se nos abren los ojos –como a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35)– y lo reconocemos presente, viviente, resucitado, con las llagas gloriosas de su Pasión, hecho Pan de vida para nosotros, y dándose por completo, con la plenitud de su amor divino y su alegría consoladora. Así podemos vivir unidos con Él, y por Él con el Padre, llenos del Espíritu Santo, formando el Cuerpo que es la Iglesia, amándonos, alabando a Dios, fortalecidos y dando testimonio gozoso de nuestra fe. Todo esto lo venimos a ratificar con el importante «Amén» de toda la asamblea al final de la oración eucarística. Y luego con el Padrenuestro, y la Paz del Resucitado que nos comunicamos, que viene del mismo Señor desde el altar.

En la Vigilia descubrimos que la Eucaristía es realmente el Memorial de la muerte y la resurrección de Cristo tan central para nosotros. No es sólo un recuerdo, un pensamiento sentimental sin ninguna fuerza, sino que las palabras y el signo sacramental del pan y del vino nos hacen realmente presente al Señor Resucitado, con todos los misterios y las gracias de su vida. Y por eso la Iglesia nos lo hace aclamar: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección ¡Ven, Señor Jesús!«. Y en la piedad de los fieles, desde pequeños, hemos aprendido a adorar en ese momento tan grande de la consagración diciendo: «¡Señor mío y Dios mío!«, tomando la profunda profesión de fe de Santo Tomás en el Cenáculo. Y nos dice el Señor: «Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Jn 20,29).

La Eucaristía, especialmente la dominical, nos hace presente la Pascua de Jesucristo, y la hace viva y eficaz. Por eso después de comulgar hacemos silencio, oramos todavía unidos y el presidente nos despide, bendiciéndonos y recordándonos, con el doble aleluya, que debemos «glorificar al Señor con nuestra vida» y que hemos de irnos para sembrar por todas partes la Paz de Cristo. La Misa se prolonga en las calles, en las casas, en los lugares de trabajo y de tiempo libre. El cristiano, transformado por la participación en el misterio de amor de Cristo, asume la caridad como principio que da forma a toda su vida cotidiana.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).