UNA GRAN REVOLUCIÓN: GLOBALIZAR EL AMOR DE DIOS

carlososoro1Mons. Carlos Osoro     Siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II, a través de los Papas San Juan XXIII, el beato Pablo VI, Juan Pablo I, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco, cada vez estoy más convencido de que nuestra humanidad necesita ese mensaje esencial encarnado en Cristo Jesús: Dios es amor. De ahí que toda actividad pastoral, todo tratado teológico, todo debe partir y nos debe llevar a anunciar este mensaje. Como muy bien nos dice el apóstol San Pablo, “si no tengo caridad, nada me aprovecha” ( cfr. Cor 13, 1). Todo carece de sentido sin el amor. Cuando el amor es el de Dios mismo se edifican unas relaciones absolutamente nuevas entre los hombres. Ha sido en Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, donde hemos conocido el amor en todo su alcance. Como muy bien nos ha recordado el Papa Benedicto XVI en la encíclica “Deus caritas est”, la verdadera originalidad del amor no consiste en nuevas ideas, sino en la figura y en la persona misma de Cristo.

De tal manera esto es así que en la Cruz es donde mejor observamos dónde se revela más su originalidad y la necesidad de que ésta sea descubierta por todos los hombres. En la Cruz, la manifestación del amor divino es total y perfecta. Ya nos lo dice el apóstol Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 8). Cada uno de nosotros, sin lugar a dudas, puede decir: “Cristo me amó y se entregó por mí” (Ef 5, 2). De tal manera que, redimidos por su sangre, ninguna vida humana es inútil o de poco valor. Todos somos amados por Jesucristo con un amor apasionado, fiel y sin límites. Por eso la locura de la Cruz, como nos recuerda San Pablo, es escándalo para muchos, pero es sabiduría de Dios para todos aquellos que se dejan tocar en lo más profundo de su ser. ¡Qué belleza, qué profundidad y hondura alcanza la contemplación del Crucificado que ha Resucitado! Lleva siempre los signos de la pasión, y con ellos se ponen de relieve las grandes falsificaciones y mentiras que hay sobre Dios cuando en su nombre hay violencias, venganzas y grandes exclusiones.

Urge hacer lo que el salmo 97 nos pide: “cantad al Señor un cántico nuevo”. Es necesario que ese canto se haga con las notas que nos ha regalado Jesucristo: su victoria, su justicia, su misericordia, su fidelidad, su favor a todos los hombres sin excepción. Importa que a los confines de la tierra llegue este “canto nuevo” que es el mismo Jesucristo. Un canto que se aprende haciendo vida lo que nos dice Jesucristo: “permaneced en mi amor”, y que tiene una novedad que se logra cuando entramos en esta escuela: “como el Padre me ha amado, así os he amado yo”. Y es que, mediante el Amor que se nos ha manifestado en Jesucristo, se ilumina la imagen cristiana de Dios y también la imagen del hombre y el camino que tiene que hacer.

Hay que hacer posible que los hombres tengan noticia de Jesucristo, que puedan tener experiencia viva de lo que es Él para los hombres. Para ello se necesitan testigos, es decir, hombres y mujeres que se amen unos a otros, que muestren que el amor que radica en sus vidas y que se tienen los unos a los otros es de Dios. Como nos dice el apóstol San Juan: “el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (cfr. 1 Jn 4, 7-10). No hay otro propietario ni otro origen de un amor que pueda realizar el cambio en el corazón del ser humano y, por tanto, en las relaciones entre los hombres, más que el amor de Dios. Se nos propone un nuevo nacimiento: el que solamente puede dar Jesucristo, el que no acababa de entender Nicodemo cuando el Señor le dice “si no naces de nuevo no podrás ver el reino de Dios”. Se trata de nacer de nuevo. Y para ello hay que acoger en nuestras vidas el amor mismo de Jesucristo. De tal manera que todo hombre que acoja el amor de Dios será y se convertirá en una fuente de la que manan ríos de agua viva. Es verdad que para llegar a ser fuente con la fuerza y vitalidad del río, el hombre debe beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es el mismo Jesucristo, de quien brota el amor de Dios. Esta es nuestra arma para cambiar el mundo. Es la que nos ofrece Jesucristo, y es de verdad la única que tiene dinamismo para cambiarlo.

Hay otra característica peculiar que debemos tener en cuenta. Puesto que es Dios quien nos ha amado primero, resulta que ahora el amor ya no sólo es un mandamiento, sino la respuesta al don del amor con quien viene a nuestro encuentro. Por otra parte, el amor engloba la existencia entera en todas las dimensiones, también en el tiempo. Hay que vencer con amor la violencia, el descarte, la cultura del desencuentro. Jesucristo ha vencido en la Cruz. Y no lo hizo haciendo un nuevo imperio, ni tampoco con una fuerza más poderosa que otras para destruir. Jesucristo no ha vencido al modo humano, sino  con un amor capaz de llegar hasta la muerte. Este modo de vencer de Dios pone límite a toda clase de violencias. Pero, ¿es posible el amor? ¡Claro que es posible! Así nos lo ha manifestado Jesucristo: “como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud… Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos… Soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure” (cfr. Jn 15, 9-17).

El corazón de todo hombre es mendigo de amor, tiene sed de amor. Como nos decía el Papa San Juan Pablo II,  “el hombre no puede vivir sin amor”. Comenzamos a ser lo que tenemos que ser para los demás cuando nos encontramos con una Persona que nos da nuevos horizontes, nuevas capacidades para entendernos a nosotros mismos y para entendernos entre nosotros, una orientación que es definitiva para cualquier ser humano. Os invito a vivir estas bienaventuranzas para tener el arma que nos capacita para hacer visible ya en este mundo la presencia del Reino:

1.- Bienaventurados cuando, permaneciendo envueltos en el amor de Jesucristo, dejamos de falsificar la única arma capaz de hacer posible la convivencia entre los hombres, que se traduce en la cultura del encuentro.

2.- Bienaventurados cuando acogemos y dejamos que nuestra vida sea ocupada por el amor de Jesucristo, que se traduce en  vivir en la alegría de Cristo.

3.- Bienaventurados si hacemos visible cada día amar incondicionalmente a quien encontremos en el camino, con el mismo amor de Jesucristo.

4.- Bienaventurados si, impulsados por el amor de Jesucristo, damos la vida para que otros la tengan en abundancia.

5.- Bienaventurados por la amistad que nos ha regalado el Señor: sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

6.- Bienaventurados por la gran comunicación que el Señor tiene con nosotros: nos dice todo lo que sabe de Dios y del hombre.

7.- Bienaventurados porque el Señor nos ha llamado a formar parte de su Pueblo, dándonos como arma el amor mismo de Jesucristo.

8.- Bienaventurados si, habiendo acogido el amor de Dios, lo traducimos en obras que dan frutos que duran y permanecen entre los hombres.

Con gran afecto, os bendice:

+Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.