LA ASCENCIÓN NO ES UNA DESPEDIDA

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       Gracias al Evangelio de San Lucas y a los Hechos de los Apóstoles, del mismo autor, sabemos que después de resucitar y de diversas apariciones, Jesucristo se encaminó a las afueras de Jerusalén, en dirección a Betania y, mientras bendecía a los suyos, se alejó de ellos elevándose al cielo. Ellos se quedaron mirando a lo alto hasta que dos varones con hábitos blancos les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido arrebatado de entre vosotros, vendrá como le habéis visto ir al cielo».

Ante este episodio final de la estancia de Jesús sobre la tierra, el pensamiento se muestra incapaz de ahondar en la grandeza del misterio, y si los apóstoles levantaron la cabeza, nosotros la bajamos en señal de humilde acatamiento, porque no somos tan orgullosos de pensar que nuestra inteligencia es la medida de todas las cosas.

Algunos pensarán que aceptar el misterio es propio de personas crédulas y poco instruidas o sin la necesaria capacidad crítica. En este sentido, una cumbre intelectual como Jean Guitton escribió: «Mi fe es más sabia que la del pueblo, más instruida, pero no es más fuerte. No hay dos clases de verdad: una que es burda y buena para la masa, otra que es sutil, que se reserva para algunos iniciados. Una para el pueblo, otra para la élite. Una para la campesina y otra para el profesor de la Sorbona. Una para el párroco de pueblo y otra para el teólogo licenciado».

¿Qué nos dice la Ascensión del Señor? Que se va al Cielo y que no nos abandona. No es una despedida. Se queda con nosotros, de una forma mística en el interior de cada uno, y como cabeza de la Iglesia, institución única de carácter sobrenatural que fundó para prolongar su presencia en el mundo.

Antes de la Ascensión, Jesucristo dijo a los suyos: «Recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaria y hasta el extremo de la Tierra». En Pentecostés se cumple la promesa y desde entonces los cristianos estamos llamados a difundir la noticia gozosa del Evangelio. Es una tarea en la que no estamos solos, sino que somos instrumentos suyos. Somos «humildes trabajadores en la viña del Señor», como dijo de él mismo Benedicto XVI el día de su elección, o los operarios llamados a trabajar porque «la mies es mucha y los obreros pocos». Jesús nos guía en este trabajo apasionante.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.