Una atmósfera de amor

agusti_cortesMons. Agustí Cortés       Es frecuente escuchar que resulta difícil definir lo que es la Iglesia. Sin duda nuestras palabras siempre se quedan cortas cuando se trata de definir el misterio cristiano. Porque la Iglesia realmente es misterio, forma parte de lo que Jesucristo nos ha revelado, y no es fácil explicar, con nuestro lenguaje y nuestra lógica, la obra y el don que Dios nos ofrece. Por eso la propia Sagrada Escritura, la teología y la predicación usan tan frecuentemente imágenes y figuras.

La Iglesia que nace y renace en la Pascua es como un ecosistema. Los biólogos nos han enseñado que existen espacios en los que las condiciones de vida favorecen y hacen posible que crezcan determinados seres vivos: las características de la tierra, el grado de humedad y, sobre todo, las condiciones atmosféricas, el aire, la exposición a la luz, el viento, la temperatura, determinan una vegetación e incluso una fauna propias, que en otro lugar no se podrían dar. Y, lo que es más curioso, los seres vivos que allí crecen unos a otros se apoyan en un intercambio, una simbiosis, que favorece el crecimiento de cada uno y del conjunto.

La Iglesia es un microclima de amor en expansión.

Decimos “micro” – clima, sin prejuzgar si la Iglesia es pequeña o grande en tamaño. Estadísticamente sí lo es. Pero a veces los límites sociológicos no coinciden con los límites reales. Ahora bien, la Iglesia sí que es pequeña respecto del poder de un mundo, que marca eficazmente el ritmo de la historia. Por eso le podemos denominar “micro – humanidad”…

La Iglesia es un espacio de vida, un ecosistema, una atmósfera que se respira, una compañía de mutuo sostenimiento.

Lo primero que vemos al descubrir un espacio biológico propio es que su origen no está en uno u otro de los factores materiales o físicos, ni en alguno de los seres vivos que lo componen, sino en la disposición y combinación de unos con otros “que la casualidad” o “la Providencia” ha colocado allí. Aplicando la imagen a la Iglesia, decimos que ella es resultado, no de la decisión de unos cuantos o de cada uno de nosotros, sino que nace de la voluntad de Jesucristo. Es él quien ha creado ese espacio de vida, y lo sostiene vivo, con el clima y la atmósfera que emana constantemente de Él, es decir, su amor, su Espíritu.

Cuando nos dice Jesús “permaneced en mi amor”, nos quiere transmitir exactamente esto: “no os apartéis de la atmósfera, del clima, de la temperatura, que he creado.

– Fuera del ámbito de su amor hallamos la muerte, no podemos respirar, ni hallamos los elementos esenciales para seguir viviendo.

– No sólo morimos, sino que tampoco damos o recibimos vida a los otros seres vivos, nuestros hermanos.

– Y no consiste solamente en respirar, sino también en trabajar activamente, porque nuestra presencia reanima la red de vida, de la cual se beneficia el conjunto, la comunidad.

A veces la habilidad técnica crea artificialmente ecosistemas, aunque no tienen la belleza de los que son meramente naturales. Pero el “ecosistema” de amor, que es la Iglesia, no se puede fabricar con nuestro ingenio. Uno se lo encuentra como un tesoro o una perla. No hay que hacer más que adquirirlo, hacerlo propio y adentrarse en él, para gozarlo y colaborar en su crecimiento.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.