“ESTUVE ENFERMO Y ME VISITASTEIS”

gil-hellinMons. Francisco Gil Hellín         Hoy celebramos la Pascua del Enfermo. Con ella concluimos un camino que comenzó el pasado 11 de febrero, Jornada Mundial del enfermo. Estamos, por tanto, ante una hermosa realidad. Porque los enfermos son los más pobres entre los pobres y, por ello, los preferidos de Jesucristo.

Gracias a Dios es inmensa la labor que los poderes públicos, los profesionales de la sanidad, los voluntarios, las órdenes religiosas especializadas, los familiares y tantas buenas personas realizan a favor de los enfermos. Entre todos ellos, merece una mención especial la de quienes están al lado de enfermos que necesitan una asistencia permanente y una ayuda continua para lavarse, vestirse, alimentarse. Sobre todo, cuando esto se prolonga durante mucho tiempo. Porque es fácil servir algunos días o algunas horas. Pero cuidar a los enfermos durante meses e incluso durante años entraña una gran dificultad. Más aún, en muchos casos una verdadera heroicidad. Desde aquí quiero agradecer a estas personas, especialmente si son creyentes, su valiosísima atención a los familiares enfermos. El Señor se lo pagará como él sabe hacerlo.

El testimonio de estas personas tiene que ser un estímulo para todos los demás. Es verdad que no podremos hacer con los enfermos lo que hacen ellas. Pero todos podemos –y debemos- hacer algo por los enfermos. En primer lugar, podemos abrir más los ojos del alma para descubrir las personas que están enfermas y con frecuencia están solas. Quizás son personas con quienes hemos trabajado durante años, vecinos de portal o de barrio, conocidos de la misa de los domingos, vecinos del mismo pueblo. En un mundo comido por las prisas y la eficacia, como el nuestro, podemos ir tan deprisa por la vida, que no advirtamos que estas personas necesitan nuestra ayuda.

Además de descubrir a los enfermos, es preciso dedicarles tiempo. El tiempo es hoy un tesoro muy apreciado y al que estamos tan apegados. Desprenderse de él y donarlo con generosidad cuesta mucho y fácilmente encontramos justificaciones para seguir siendo nosotros sus únicos usufructuarios. Hay que aprender el don de la gratuidad y valorar que es mucho mayor tesoro regalar el tiempo sin esperar nada a cambio que mostrarse avaros del mismo. En nuestro calendario y en nuestra agenda debería estar reservado un tiempo, cuando menos semanal, para visitar enfermos, ancianos que viven solos, amigos hospitalizados o conocidos que no pueden salir de sus casas.

Pero hay un peligro si cabe todavía mayor. Me refiero a quedarse a mitad de camino en el cuidado y atención a los enfermos. Está bien que pasemos horas junto a ellos y, en el caso de los familiares, que nos desvivamos en cuidados y atenciones materiales. Pero necesitamos mirarnos en el espejo de la que es doctora en esta materia: la madre Teresa de Calcuta. Ella salía día tras día a las calles y basureros de Calcuta en busca de enfermos y moribundos. Les consolaba, les prestaba unos primeros auxilios y, si era posible, les llevaba a casa. Allí les dispensaba los cuidados que estaban a su alcance y, siempre, su inmenso cariño.

Pero no se quedaba ahí. Siempre que era posible y con el máximo respeto a la libertad de los enfermos moribundos, les ayudaba a cruzar el umbral de este mundo hacia la eternidad poniéndose en las manos misericordiosas de Dios Padre. Prestar ayuda material y humana al enfermo es un objetivo encomiable. Pero no puede ser la meta para un cristiano. Pues los cristianos sabemos que el mayor servicio que se puede prestar a un enfermo es ofertarle el amor paternal de Dios. El mandato misionero de Jesucristo: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio” sigue estando vigente para quienes nos consideramos discípulos suyos. Por eso, la Pascua del enfermo es una oportunidad de oro para que quienes están al lado de los enfermos les faciliten la confesión y la comunión pascual.

+Francisco Gil Hellín,

arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.