«Os llamo amigos»

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco           «¿Sois capaces de rejuvenecer el mundo, sí o no? El Evangelio es siempre joven, sois vosotros los viejos». Esta pregunta que Bernanos, el profeta de la alegría, hacía a los cristianos de su tiempo sigue estando vigente. Cambiar el mundo, rejuvenecerlo, invadirlo de verdad y de belleza es un deseo permanente del hombre. No queremos la muerte, la absurda y trágica muerte de los emigrantes en pateras; la injusta y violenta muerte de los cristianos perseguidos por su fe; la incomprensible y contradictoria muerte de quienes, amándose un día, acaban odiándose en sus propios hogares, víctimas de la llamada violencia doméstica, que resucita el odio asesino entre hermanos, como Caín y Abel; la muerte que clama al cielo de tantos niños inocentes que no llegan a nacer; o la de ancianos que ven truncado el curso natural de su existencia cuando alguien les apaga el pábilo vacilante de su llama vital. Parece que el mundo se hace cada día más viejo, vencido por la muerte. Y la muerte se ríe a carcajadas contemplando su triunfo.

¿Sois capaces de rejuvenecer el mundo, sí o no? Para ello es preciso ser nosotros nuevos, eternamente jóvenes con el Evangelio. Este es el mensaje de Jesús en el Evangelio de hoy que alcanza, podemos decir, la cumbre de la revelación del Nuevo Testamento. Jesús quiere que su alegría esté en nosotros y llegue a plenitud. De nuevo, la alegría. Es el signo de la Pascua. Se trata de la alegría de sabernos amados por él, del mismo modo que él es amado por el Padre. No cabe mayor revelación. Cristo nos introduce en una intimidad sorprendente, la suya con el Padre. Por eso, no nos llama siervos, sino amigos. Y nos ofrece la razón de esta amistad cuando afirma: «el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos porque todo lo que he oído de a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Es sabido que «conocer» en la Biblia significa no sólo entender algo con la inteligencia, sino experimentar íntimamente, gustar y penetrar con el corazón. Jesús nos ha hecho participar todo lo que sabe del Padre, lo que ha oído y visto desde la eternidad.  Y todo lo que para él ha sido fuente de gozo hasta llegar a la alegría de la Resurrección nos lo ha querido revelar en sus confidencias de amigo. Por eso quiere que su alegría esté en nosotros y nuestra alegría llegue a plenitud. No hay mayor revelación que ésta, la que puede rejuvenecer el mundo.

La única exigencia que pone Cristo para que esto sea realidad es que permanezcamos en él cumpliendo sus mandamientos. «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando». Es la condición para dar fruto que permanezca: estar unidos a él como él esta unido al Padre. La lógica es perfecta: Dios es la fuente del amor y de la vida, la fuente inagotable de la renovación del mundo. El crea y sostiene el mundo con su amor. Por medio de Cristo, que permanece en el Padre, podemos nosotros permanecer en Dios y participar de su eterna juventud, de la recreación de todas las cosas en Cristo. Por eso Jesús utiliza tantas veces el verbo «permanecer». «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (Jn 15,10). Desde el comienzo del Evangelio, cuando llama a sus primeros discípulos, san Juan dice que permanecieron con él aquel día. Y al final del evangelio, el mismo san Juan juega con la idea de permanecer, como si Cristo, por medio de Juan, quisiera permanecer para siempre en este mundo. De ahí que se divulgara la idea de que Juan, el discípulo amado, no moriría. Y es que hay mucho de verdad en esta misteriosa afirmación, porque quien permanece en Cristo no muere, vive para siempre y puede ofrecer al mundo el secreto del rejuvenecimiento del mundo:  creer que el evangelio es joven y puede acabar con nuestra insensata y absurda carrera hacia la muerte.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
Acerca de Mons. César Franco Martínez 242 Articles
Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).