La Vigilia pascual (5): ¡Somos de Cristo por el bautismo!

vivessiliaMons. Joan E. Vives     En la Vigilia pascual aprendemos que los cristianos hemos nacido a la Vida por el bautismo, que todos venimos del agua y del Espíritu Santo que el Señor Resucitado nos ha regalado por gracia. Es sin mérito nuestro que hemos recibido el don de la fe cristiana y hemos sido configurados en la persona del Hijo de Dios. Somos hijos en el Hijo. «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una nueva vida» (Rm 6,4). Esta noche santa de Pascua, en todo el mundo se abren las fuentes del bautismo, los nuevos creyentes en Jesucristo, los nuevos cristianos, son engendrados por el Espíritu Santo e incorporados a la Santa Madre Iglesia. Son hechos hijos de Dios, hermanos entre ellos, Pueblo santo, servidores de todo el mundo a semejanza de Cristo. Todo nos ha sido regalado en la Pascua, ya que del costado abierto de Jesús clavado en la Cruz brotaron «sangre y agua», es decir la Iglesia, y los sacramentos del bautismo y la eucaristía.

La liturgia de la Vigilia siempre incluye la conmemoración bautismal. El Pueblo de Dios que aún vive en la tierra, suplica humildemente a la Iglesia del cielo, ya triunfante, que le ayude, y le implora con la «letanía de los santos» para que coopere y esté presente en el momento de incorporar nuevos hijos e hijas de Dios. Después es bendecida la fuente del agua bautismal de la Catedral y de las parroquias, consagrando así solemnemente las aguas, mientras recordamos las grandes maravillas obradas por Dios en favor de sus hijos, a quienes tanto ama. La bendición del agua es para bendecir a Dios por todo lo que ha realizado en la historia de la salvación por medio del agua (desde la creación y el paso del Mar Rojo hasta el bautismo de Jesús en el río Jordán), pidiéndole que, hoy también, a través del agua, actúe el Espíritu Santo, «Señor y dador de vida», sobre los bautizados. Cuando hay catecúmenos preparados, la Vigilia es el momento más significativo para administrarles los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y luego la comunión eucarística, que los configura realmente a Cristo para siempre, los une en la plena comunión de la Iglesia santa, y los marca con el don del Espíritu, los hace sus testigos y herederos de la vida eterna.

Luego, el celebrante invita a todos los reunidos a renovar las promesas bautismales, renunciando al mal y al pecado, a todo lo que nos aleja de Dios, y profesando la fe católica trinitaria. Se trata de que todos participen conscientemente tanto en la renuncia como en la profesión de fe, dando gracias a quienes les transmitieron la fe y les han ayudado a lo largo de la vida a mantenerla consciente y operante. Seguirá el signo de la aspersión, como un recuerdo del propio Bautismo. Este signo se puede repetir todos los domingos de la Cincuentena Pascual, al comienzo de la Eucaristía, y siempre que se quiera. De ahí viene también el agua bendita que tomamos al entrar en las iglesias, para recordar agradecidamente el propio bautismo.

Y finaliza esta liturgia bautismal de la Vigilia pascual con la Plegaria Universal o de los fieles, que es el ejercicio, por parte de toda la comunidad, de su sacerdocio bautismal, ya que todos los bautizados somos sacerdotes y celebramos un culto agradable a Dios, con nuestras vidas. Por eso intercedemos ante Dios por la Iglesia y por toda la humanidad. La Vigilia debe ser el momento gozoso de la renovación de nuestra vida de bautizados, discípulos agradecidos por el don recibido y comprometidos en el amor, a semejanza de Cristo. Tenemos su gran promesa: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20).

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
Acerca de Mons. Joan E. Vives 391 Articles
Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).