LA SABIDURÍA DEL CORAZÓN EN EL SERVICIO A LOS ENFERMOS

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano       La Campaña del Enfermo en la Iglesia española se celebra en dos momentos: comprende la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero, Virgen de Lourdes) y la celebración de la Pascua del Enfermo el VI domingo de Pascua, en esta ocasión el 10 de mayo.

En nuestras familias, en la ciudad y en los pueblos, la enfermedad sigue haciéndose presente en muchos hogares. Los enfermos siguen siendo los predilectos del Señor; cuantas veces lo podemos constatar en los Evangelios cuando el corazón misericordioso de Cristo se acerca a ellos para confortarles y mostrarles el camino de la salvación.

El mensaje preparado por el Papa Francisco para la Campaña del enfermo nos ayuda a cuidarles y servirles desde una perspectiva renovada. Nos propone acercarnos a nuestros hermanos enfermos desde la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu que debemos implorar. Sabiduría del corazón es servir al hermano, no de palabra, sino con una vida radicada en una fe genuina haciendo realidad lo que dice el libro de Job: “Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies” (29, 15). Nos muestran esa sabiduría del corazón tantas y tantas personas que “están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este ser vicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo,- nos dice Francisco- ¡qué gran camino de santificación es este! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia”. También en nuestra diócesis somos testigos de que hay muchas personas que afrontan la enfermedad de sus familiares con esa sabiduría de corazón y desde la sencillez, la generosidad y la entrega silenciosa se convierten en anónimos pero fecundos apoyos de la tarea evangelizadora de la Iglesia.

El Papa también nos recuerda que la sabiduría de corazón consiste en estar con el hermano: “el tiempo que se pasa junto al enfer mo es un tiempo santo. (…) Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedi car tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas”. Dedicar tiempo al hermano que lo necesita, sin prisas, viviendo desde la gratuidad, poniéndonos de verdad en el lugar del otro. Esa cercanía al enfermo y a la enfermedad ayuda, conforta y sostiene a quien es visitado y fortalece la fe de quién visita, cuando en el hermano sufriente se descubre al Señor mismo: “a mí me lo hicisteis”. Por ello quiero dar gracias de corazón a todos los que, desde las parroquias o cumpliendo las obras de misericordia, dedicáis tiempo a visitar enfermos. Sois, sin duda alguna, caricia de Dios.

Sí, pidamos el don de la sabiduría del corazón para acercarnos a los enfermos con un corazón nuevo. Gracias a los profesionales sanitarios, a los voluntarios, religiosas y sacerdotes que servís a vuestros prójimos que sufren la enfermedad. Os convertís en “reservas de amor”, que lleváis serenidad y esperanza a los que sufren. También vuestro testimonio de amor es signo de una mirada distinta, que lleva en su interior corazones nuevos y renovados por el Espíritu.

Ponemos a todos nuestros enfermos y a quienes les cuidan y atienden, bajo la protección materna de María, que ha acogido en su seno a la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nues tro Señor.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.