Ya están nuestras viñas en todo su esplendor…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida. El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo» (Del Mensaje para la Cuaresma 2015).

Estas palabras del Papa nos deben animar a mantener en el tiempo la clave de la renovación de la Iglesia: estar unidos a Jesucristo Resucitado, siguiendo el ejemplo que nos puso el Señor, como el sarmiento que nace de la vid y crece alimentado por ella hasta dar fruto abundante. Al ver La Mancha reverdecida por las viñas tendidas sobre ella, imagino a la Iglesia extendida por toda la Tierra que «rechazada, aplastada o herida» da vida, la Vida del Resucitado. Por Él todo fue hecho y en Él todo es redimido, renovado, llevado a la plenitud, que se nos ha mostrado estos días conmemorativos del nacimiento de santa Teresa como ejemplo claro de renovación en la Iglesia del siglo XVI y cuyos frutos nos siguen valiendo hoy.

A veces nos parece chocar con un muro infranqueable cuando ofrecemos nuestro conocimiento de Jesucristo a nuestros conciudadanos marcados por la cultura audiovisual. Da la sensación de que lo que no se ve o no se oye encerrado en una pantalla o en unos auriculares, no existe, con la excepción de los grandes espectáculos de masas. Por eso le agradezco al papa Francisco sus palabras y gestos que trasmiten la experiencia de quien, como nos ha dicho en el párrafo inicial de esta carta: «La Iglesia abre definitivamente la puerta (que es Jesucristo) entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad».

Si para nosotros la Misa dominical es esencial es porque en la celebración nos mantenemos unidos a Jesucristo Resucitado. El aspecto ritual, que a algunos extraña, es el modo de asegurar, por encima de los posibles protagonismos de los actores, el encuentro con la persona del Señor que nos habla -proclamación de la Palabra-, que nos alimenta con su presencia sacramental -Tomad y comed todos de Él- y que nos une como hermanos -Amaos como yo os he amado-. Jesucristo, que prolonga su presencia en la Historia y, Resucitado, sigue estando al lado del que sufre, del que no tiene compañía… La parroquia que entiende lo que pasa en el pueblo, en el barrio, y lleva el amor de Dios en la sangre de su sacerdote, de sus catequistas, lectores, voluntarios de Cáritas, cofrades, asociados y gentes, aparentemente anónimas que extienden el amor de Dios de mil maneras en la vida social de la cultura, la educación, la política, el mundo del trabajo y sindical, el ocio, el deporte o la sana diversión de la amistad.

Que en este tiempo de Pascua el encuentro con el Señor Resucitado llene a la persona, por supuesto, más que una pantalla o unos auriculares. Que el conocimiento de la fe dé sentido al resto de las percepciones y experiencias humanas. ¡Feliz Pascua!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Albacete

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.