TERESA DE JESÚS Y SU MENSAJE DE MISERICORDIA

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella         El pasado 28 de marzo se cumplía el Vº Centenario del nacimiento de nuestra santa más universal, Teresa de Jesús. Un acontecimiento que está siendo como una lluvia fecunda de gracia para toda la Iglesia, no sólo para Iglesia en España. Más aún, este evento está siendo considerado, estudiado y alentado por la mejor sociedad cultural de nuestro país y de todos aquellos enfervorizados seguidores de la gran Doctora de la Iglesia, mística y reformadora, que eso fue nuestra “andariega” avulense.

La santa reformadora del Carmelo nos ha dejado en sus escritos un legado extraordinariamente rico. ¡Cuánto bien han hecho a lo largo de estos quinientos años, y a tantas almas de toda condición, el Libro de la vida, el Camino de perfección y el de las Moradas! La Vida fue el primero que escribió Santa Teresa, el más espontáneo, el que mejor refleja su experiencia espiritual y su gran personalidad femenina y sobrenatural. Para Teresa, la misericordia de Dios la lleva a no dudar jamás de su amor y, lo que es más decisivo, a compartir ese amor. Ofrezco varias frases, a cuál más sugerente, de su Vida, en las que refleja su experiencia espiritual, cómo siente su alma la ternura de Dios.

La primera exclamación es en realidad un dar gracias a Dios por todo el bien que le ha hecho:“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejaba yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano” . Y añade dos afirmaciones que nos deben llenar de esperanza y de abandono en las manos de Dios: “Veo claro la gran misericordia que el Señor hizo conmigo” y “De la misericordia del Señor nunca desconfié” .

Santa Teresa muestra de una forma muy concisa, y en un castellano envidiable, lo que el Papa Francisco nos viene repitiendo desde el inicio de su Pontificado: “que Dios no se cansa de perdonar, aunque nosotros a menudo sí nos cansamos de pedir perdón”.

Del libro Camino de perfección recojo dos expresiones que muestran de forma plástica y viva la ternura de Dios, el cariño con que nos ama y aun nos mima. Dice así: “Alejad el pensamiento de vuestra miseria lo más que pudiereis y ponedle en la misericordia de Dios” . Y en esta otra insiste en la preocupación de Dios Padre por cada uno: “Si nos tornamos a Él, como el hijo pródigo, hanos de perdonar. De balde me habéis, Señor, de perdonar; aquí cabe bien vuestra misericordia” .

Termino este pequeño homenaje a Teresa de Ávila trayendo un par de frases más cuya simple lectura constituye un verdadero gozo: “La misericordia de Dios nunca falta a los que en Él esperan. No ande el alma espantada, sino confiada en la misericordia del Señor” .

Este tiempo que, por gracia de Dios, nos ha tocado vivir destaca más por el sentido de una venganza justiciera que por la misericordia y el perdón. Sin embargo, siguen resonando en las conciencias de los hombres y mujeres de bien de nuestro tiempo aquellas palabras profundas y proféticas de la Virgen María en su himno del Magnificat: “Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” . La misericordia de Dios ha trascendido a su Madre, que es Reina de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Pidámosle que “vuelva a nosotros esos sus ojos misericordiosos”, ojos que son reflejo de la infinita misericordia de Dios.

Este año de la Misericordia, acompañados por María, la llena de gracia, y también de Teresa, la mujer que se dejó llevar por el amor de Dios, hará de nosotros objeto de la misericordia y embajadores de la misma, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Seamos testigos de ese Dios que nos amó hasta el punto de que no nos podía amar más y haremos entre todos un mundo mejor, más humano, más entrañable, donde todos los que nos rodean se sientan más a gusto.

Con mi afecto y mi bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.