La Vigilia Pascual (4).- ¡El gozo del Aleluya!

vivessiliaMons. Joan E. Vives       En estos domingos de Pascua vamos centrando nuestro interés en los elementos más relevantes de la Vigilia Pascual, para comprender mejor toda la Pascua y, de alguna manera, para captar y profundizar lo que en toda Eucaristía vivimos y celebramos a lo largo de todo el año. Hoy propongo que nos centremos en el valor del canto del Aleluya, que llena el tiempo pascual después del silencio cuaresmal, y que sigue siempre vivo en las celebraciones cristianas.

Aleluya (Halleluyah, del hebreo הַלְּלוּיָהּ), significa «¡Alabad al Señor!», O también, «¡Que Yahweh sea alabado!», y es una exclamación bíblica de alegría, muy común en la Sagrada Escritura, que el judaísmo y el cristianismo han adoptado para uso litúrgico. Esta es la palabra más alegre que utilizamos para alabar al Creador y la utilizamos mucho en las celebraciones de la fe cristiana. La Pascua se identifica con el Aleluya. A veces alabamos a Dios por algo, pero esto no es indispensable. Debemos alabar a Dios por Él mismo. Es lo que hace la expresión Aleluya. Durante los primeros siglos de existencia de la Iglesia, sólo se cantaba el Aleluya el Domingo de Pascua, pero más adelante pasó a todo el tiempo pascual. San Agustín relaciona la liturgia con el tiempo celestial, diciendo que «los que en la tierra dicen «Amén» para aceptar a Dios plenamente, en el cielo dirán «Aleluya» para aceptar a Dios y para cantar su gloria y su poder».

En la Vigilia Pascual llega el momento en que, tras la lectura 8ª o del Apóstol, nos disponemos, de pie y cantando, a acoger a Jesús mismo, que resucitado, se hace presente en medio de nosotros y nos habla a través de la lectura de su Evangelio. Por ello, en la noche de la Vigilia Pascual, un diácono debe acercarse al obispo y le debe decir: «Reverendísimo Padre, te anuncio una gran alegría, ¡el Aleluya! «. Porque la alegría de la Resurrección es anunciada, corre de boca en boca, de testigo en testigo, «habla de corazón a corazón», como decía el beato Cardenal John H. Newman. Y debe llegarle al sucesor de los apóstoles que preside la Vigilia y a toda la asamblea reunida de los fieles.

Alabemos a Dios, sobre todo porque ha resucitado a Jesús de entre los muertos y le ha sentado a su derecha, en la gloria eterna. ¡Alabémosle por su Amor tan inmenso, por su misericordia que todo lo vence, hasta la misma muerte! Esta es la maravilla más grande: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular» (Sal 117). Y siguen todas las maravillas que Él obró en favor de su pueblo y de toda la humanidad. Cantar o decir Aleluya, significa tener conciencia de que Jesucristo ha vencido el mal, que está Resucitado, y que nuestra fe es la victoria que vence al mundo, ya que realmente el Señor es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6).

Podemos decir que los cristianos somos un pueblo que canta el Aleluya, que «canta y camina», como propone San Agustín. Debemos llevar a cabo nuestra vocación de estar siempre alegres, de servir con sencillez de corazón, de ser humildes y alegres en todo… siempre dispuestos a encontrar la parte positiva, a amar, sin malas caras o con un corazón de funeral, dice el Papa Francisco. Debemos redescubrir qué significa que ya «hemos resucitado con Cristo» por el bautismo y que queremos buscar siempre «los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios» (Col 3,1).

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).