El buen vino, la uva, los sarmientos y la cepa

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas         Somos de tierra de vinos, de muy buenos vinos. También lo era la tierra de Jesús. Y él entendía de vinos. Por ello se refiere con frecuencia al vino y a la viña, a las cepas y a los sarmientos. En este domingo del tiempo pascual, en la Misas y celebraciones, proclamamos un evangelio en el que el propio Jesús se presenta como la cepa verdadera, y su Padre como el viñador.

Confieso que, por ser de tierras vitivinícolas desde mi nacimiento, siempre he pensado que el resultado de esta afirmación ha de ser que podamos saborear el mejor vino. Dios Padre el viñador, y Jesús la cepa. Mejor resultado o mejor uva, imposible.

Jesús se refiere también a los sarmientos, que somos nosotros. Afirma, tal como sabe por experiencia el viticultor, que las cepas deben podarse o limpiarse para que pueda vendimiarse un buen fruto. Pero, por encima de todo, si el sarmiento no está unido a la cepa, en forma alguna puede dar fruto. Sin esta unión a la cepa, no hay uva, no hay buen vino, no hay fruto.

La condición para dar fruto es permanecer unidos a la cepa, es decir, unidos a Jesús, porque, como dice él mismo, “sin mí, nada podéis hacer”.

¡Ésta es la cuestión!

El papa Francisco ha escrito que con frecuencia presentamos una cara avinagrada. Puede que no todos, pero corremos este peligro. Es sabido que el vino puede agriarse.

Otros piensan que el “buen vino”, el que alegra  la vida y permite participar de la fiesta no lo tiene Jesucristo, que no lo vivimos los cristianos. Y se interesan por otras propuestas pretendidamente salvadoras que por su color externo, brillante etiquetado, publicidad y marketing… son muy atractivas.

Ahora bien, pensando en nosotros, los cristianos, puede que debamos reconocer que nuestra uva se marchita por no estar bien unidos a la cepa, o porque a menudo pensamos que el buen fruto solo depende de nosotros… y sucede lo que sucede. Y es que cuando se prueba nuestro vino no satisface del todo, no sabe como debería.

Lo expreso de otra forma. Con frecuencia he escuchado: “Ya puede estar satisfecho Nuestro Señor, porque yo cumplo con todo. Voy a misa, rezo…”. ¡Es justo al revés! Somos tú y yo los que hemos de estar contentos, porque es Jesús quien nos hace el favor, y por ello podemos dar algún tipo de fruto. 

Jesús nos hace el gran favor de permitirnos estar unidos a Él, que es la única forma de dar buen fruto, buena uva y buen vino para alegrar la vida.

¿Cómo  podemos estar unidos a Jesús, la cepa verdadera? Dejándonos amar por Él y amándole, recibiendo sus dones por medio de los sacramentos y amando como él lo hace hasta el perdón.

Y no nos asustemos cuando el viñador nos pode y nos limpie, pues es necesario para poder dar buen fruto. La poda puede consistir en reducir los efectivos, convertirse en una minúscula simiente como el grano de mostaza, no palpar los resultados de nuestro esfuerzo, sentir la sensación de estar muy solos y preguntarnos, como Jesús: “¿Vosotros también queréis dejarme?”.

Más aun, estemos dispuestos a podar defectos, rutinas, perezas, talantes, estilos de vida personal y parroquial…  que puedan enturbiar el rostro de Cristo.

Si, como sarmientos, estamos separados de la cepa, nos secaremos y solo serviremos para… Pero hoy es necesario más que nunca que seamos buen vino, el mejor vino,  si es posible, como aquel vino de Caná de Galilea, que gracias a Jesús tiene la capacidad de que la fiesta de la vida no acabe mal, que los invitados participen, que los que vivimos con Jesús la saboreemos.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 404 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.