Iniciar a la fe católica

braulioarztoledoMons.  Braulio Rodríguez          Mi reconocimiento a cuantos fieles cristianos, los hijos de la Iglesia, que se esfuerzan por vivir en el día a día su fe y también por acercarse a “las periferias existenciales” de tantos hombres y mujeres, anunciándoles de modos nuevos a Jesucristo, esto es, lo esencial cristiano. Lo digo porque conozco muchas iniciativas loables que estoy seguro renuevan nuestra Iglesia. Nunca es suficiente, pero doy gracias a Dios por vosotros, hermanos, que no calláis la fe y oráis para que crezca el reino de Dios. Este reino o reinado, al ser de Dios, es Él en su Hijo por el Espíritu Santo quien lo lleva adelante, pero sois vosotros, como miembros de Cristo, los que Él quiere que seáis voz, corazón, cercanía y rostro para los demás. Vuestro apostolado es sumamente necesario y urgente.

Pero estoy pensando también en un trabajo apostólico que cada comunidad parroquial realiza que, en ocasiones, parece es, si no rutina, algo normal. Y no lo es. Me refiero al proceso de Iniciación Cristiana que culmina en el Bautismo, Confirmación y Primera Comunión, que lleva consigo iniciar también a la Eucaristía dominical y a la Liturgia de la Iglesia. Estoy pensando ahora en los 15 primeros años, más o menos, de la existencia de los chicos y chicas que han sido bautizados en los primeros años de su vida. Son la mayoría de los fieles cristianos. Intentaré describir este proceso como se da realmente en nuestras parroquias. No es fácil ese proceso de educación en la fe, y no todo está conseguido, pues intervienen muchas razones.

Quisiera, sin embargo, hablar brevemente del Catecumenado Bautismal tanto de adultos que quieren ser cristianos como de niños en edad escolar no bautizados, y que tienen entre 7 y 10 años. Este Catecumenado diocesano, verdadero tesoro de la Iglesia porque da cuenta de la vitalidad de la Diócesis para incorporar nuevos miembros cuando éstos libremente lo deciden y se preparan para ello, no está, sin embargo, en la cabeza ni en el corazón de los que ya formamos la Iglesia. No tenemos experiencia apenas de cuál ha de ser el proceso hasta llegar al Bautismo, cuando la palabra “catequesis” suena todavía demasiado a niños pequeños, y no a un eco de la llamada que Jesucristo hace a todos. El Catecumenado bautismal de adultos, aún con sus dificultades, va abriéndose paso poco a poco, pero es el Catecumenado de los niños en edad escolar el que los padres, y los abuelos, no acaban de aceptarlo como verdadero proceso. ¿Y los pastores? Tal vez todavía no del todo. Ni los catequistas ni quizá el Obispo. Pasos se están dando y hay que proseguir.

Quiero resaltar, por supuesto, la encomiable labor que tantos catequistas están haciendo en esa preparación de niños y adolescentes, que recibieron el Bautismo de bebés, cuando trabajan porque ellos acepten bien en su vida la iniciación al domingo y la Eucaristía, o al sacramento que culmina el Bautismo, la Confirmación. Hay que descubrirse antes ellos. Pero sigue habiendo en nuestros fieles, sobre todo, en padres y familiares, demasiada carga de celebrar sacramentos de Iniciación como fiesta social o como si se tratara con cumplir con la tradición, sin implicarse con su vida y ejemplo en la conducta de sus hijos. Son muchas veces sacramentos puntuales, de relevancia social. Y los sacerdotes somos tachados de demasiado rígidos, cuando queremos que las cosas se hagan bien, pero no es verdad. Tenemos nuestros fallos, pero aguantamos mucho. La Iglesia no puede renunciar a lo que implica la iniciación cristiana. Hemos de ayudarnos para no caer en posturas que no conducen sino a enfrentamientos, pero hay que ser más consecuentes.

La Confirmación de adolescentes tiene sus propias peculiaridades. Ahí, sacerdotes y catequistas se encuentran con el tema de la continuidad de los chicos en la vida cristiana. Nos faltan personas que acompañen a estos chicos con ofertas atractivas y serias que les hagan crecer en una sociedad que prescinde de la fe en los momentos y decisiones importantes. ¿Cómo van a vivir chavales con 14/15 años su crecimiento en la fe, sin una ayuda de cara a afrontar los retos de nuestra sociedad consumista y emotivista? Son preocupaciones mías que quisiera fueran de toda la comunidad diocesana.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.