Homilía del Arzobispo de Zaragoza en la Peregrinación de las Diócesis de Aragón al Pilar

Peregrinación de las Diócesis de Aragón al Pilar

Sábado, 25 de abril de 2015

Alégrate, Virgen y Madre del Pilar. Una multitud de hijos se acercan jubilosos a ti. Con fe te alabamos, con amor te honramos, con esperanza acudimos ante tu bendita Imagen.

Los caminos marianos de nuestras Diócesis de Aragón nos conducen hoy al Pilar. Venimos en peregrinación a tu altar, Virgen Santa, los sacerdotes, miembros de vida consagrada y fieles laicos de las Diócesis de Aragón presididas por sus Obispos de Zaragoza, Barbastro-Monzón, Huesca, Jaca, Tarazona y Teruel-Albarracín, con motivo del Año Jubilar del Pilar, que conmemora el 1975 aniversario de la venida de la Virgen del Pilar a Zaragoza, y los 250 años de la inauguración de la Santa Capilla construida por Ventura Rodríguez.

Participamos ahora en la Eucaristía, memorial sacramental de la muerte y resurrección del Señor, fuente y cumbre de la vida cristiana y de la misión de la Iglesia, en esta grandiosa Catedral Basílica de Nuestra Señora del Pilar convertida en arca de salvación y puerta del cielo, en ascua e amor mariano e incensario de plegarias.

La peregrinación es imagen de la Iglesia – Pueblo de Dios en camino y de nuestras Diócesis en salida y conversión pastoral. Es un camino exterior que parte de nuestras ciudades y pueblos de Aragón y un itinerario interior, porque entramos dentro de nosotros mismos para encontrarnos con Dios y con los hermanos en un ambiente de fiesta y de familia. “Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos” (Sal 133(132), 1)

Llegamos a este bendito Santuario, que no sólo testimonia la piedad y la gratitud del pueblo fiel de Aragón a Nuestra Señora del Pilar, sino que es espacio privilegiado de la misericordia divina manifestada en la predicación de la Palabra de Dios, en la celebración de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Penitencia, en las obras sociales y de caridad y en la belleza misma del templo.

“Esta herencia de fe mariana de tantas generaciones – nos decía el Papa San Juan Pablo II en su primera Visita al Pilar el año 1982 – ha de convertirse no sólo en recuerdo de un pasado, sino en punto de partida hacia Dios. Las oraciones y sacrificios ofrecidos, el latir vital de un pueblo, que expresa ante María sus seculares gozos, tristezas y esperanzas, son piedras nuevas que elevan la dimensión sagrada de una fe mariana”.

A la luz de la Palabra de Dios proclamada, Santa María del Pilar es el amparo de nuestra fe, el arca de la Nueva Alianza (1ª lectura); maestra de los apóstoles reunidos en oración (2ª lectura); mujer proclamada por su Hijo bienaventurada, porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió (Evangelio).

Hoy es un día para: 1) celebrar su presencia entre nosotros, recordando con gratitud el pasado, 2) para contemplar a la Virgen como Madre de misericordia en preparación del futuro Jubileo extraordinario convocado por el Papa Francisco; y 3) para sentir a la Virgen del Pilar como Abogada nuestra en las necesidades materiales y espirituales de la hora presente.

Celebrando su presencia

Bendita y alabada sea la hora, en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza. Por siempre sea bendita y alabada.

Se cumplen ahora los 1975 años de este acontecimiento transmitido de generación en generación y narrado con minuciosos detalles por mi ilustre paisana, la Venerable Madre Sor María de Jesús de Ágreda, en su célebre obra la Mistica Ciudad de Dios, en la tercera parte, libro VII, capítulo 17, número 358. Escribe así la Madre Ágreda: “Sucedió este milagroso aparecimiento de María Santísima en Zaragoza, entrando el año del nacimiento de su Hijo, nuestro Salvador de cuarenta, la segunda noche de dos de enero”.

Desde esa bendita hora, María se ha hecho entre nosotros pilar y templo de nuestra fe. Morada que tiene a Dios en medio y no vacila (cfr. Ps 45 (46), 5-6; Ap 21, 3); casa del Señor que Dios ha llenado con su presencia (cfr. LG 8, 11; Sal 83 (84); casa de oro, adornada por el Espíritu Santo con toda clase de virtudes; palacio real, resplandeciente por el fulgor de la Verdad, en el que habitó el Rey de reyes; ciudad santa que alegran los ríos de la gracia (cfr. Sl 45(46) (cfr. Monición introductoria a la Misa del 2 de enero).

María ha elegido y santificado este lugar con su presencia, para que en él resida su nombre por siempre (cfr. 1 Re 9, 3). Este texto en latín figura en el tambor de esta cúpula mayor que contemplamos.

Desde esa alabada hora tenemos como guía la columna que nunca ha faltado al pueblo ni de día ni de noche (cf Ex 13, 21-22). Esa es la inscripción que pisamos en el suelo de la plaza del Pilar, convertida en el salón mayor de Zaragoza.

Madre de misericordia

El Papa Francisco en la Bula Misericordiae vultus, por la que convoca una Año Santo extraordinario dedicado a la Misericordia nos invita a volver la mirada y el corazón a la Virgen María, Madre de Misericordia. Ella es icono de la misericordia divina y un modelo de la misericordia humana y cristiana. “Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza en la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende “de generación en generación” (Lc 1, 50)” (Papa Francisco, Bula Misericordiae vultus, n.24).

La Iglesia, desde los primeros siglos hasta hoy, la veneró y la venera en la Salve Regina, llamándola Mater misericordiae, a la que le pedimos: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”.

La misericordia es, al mismo tiempo, un don de Dios y una tarea nuestra, a través de la cual nuestro mundo, frecuentemente oscuro y frío, se vuelve un poco más luminoso y cálido, digno de ser vivido y amado. La misericordia es el reflejo de la gloria de Dios y la síntesis que se nos ha dado del mensaje de Jesucristo y que, a su vez, debemos dar para la salvación del mundo.

Abogada en nuestras necesidades materiales y espirituales

Nuestra Madre la Virgen del Pilar ha estado siempre presente en la historia de nuestros pueblos y de nuestras gentes de Aragón. Ahora desde el cielo sigue siendo Abogada en nuestras necesidades materiales y espirituales.

Es nuestra Madre en tiempos de bonanza y en momentos de apuros, como en la actual crisis económica y social. Ella le dice hoy a su Divino Hijo, como en Caná de Galilea: “No tienen vino”: muchas familias están siendo golpeadas duramente por la crisis. Los pocos jóvenes de nuestros pueblos no encuentran trabajo y se ven obligados a emigrar para buscarse un trabajo fuera de nuestra tierra. Sin trabajo la persona humana no encuentra plenamente realizada su dignidad humana y ve frustradas sus mejores aspiraciones.

Los Obispos Españoles reunidos en Asamblea Plenaria esta semana acabamos de aprobar un Documento titulado Iglesia, servidora de los pobres. En este texto largamente esperado, describimos la situación social que nos interpela; presentamos los factores que explican esta situación; explicamos algunos principios de la Doctrina Social y hacemos unas propuestas esperanzadoras desde la fe. “Como pastores de la Iglesia, queremos compartir con los fieles y con cuantos quieran escucharnos nuestras preocupaciones ante la difícil situación que estamos viviendo y que a tantos nos afecta” (n. 2).

Hoy, Madre del Pilar, venimos en peregrinación ante tu imagen bendita, confiados en las palabras de tu Hijo Jesús y nuestro hermano: “”pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá” (Lc 11, 9). Animados por esta confianza, acudimos a Ti y ponemos en tus manos y en tu corazón de Madre nuestros proyectos y necesidades.

Protege a todas las Instituciones y personas que están al servicio del bien común de las gentes que viven en nuestra tierra de Aragón. Cuida de los sacerdotes. Vela por las personas de vida consagrada en este Año dedicado por el Papa Francisco a la Vida Consagrada, que en España coincide con el Vº Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Fortalece a los laicos, especialmente a los que colaboran en las tareas pastorales de nuestras comunidades, bastantes de los cuales están hoy aquí. Suscita en nuestras queridas Diócesis de Aragón vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada y cuida de nuestros pocos seminaristas. Muestra a los jóvenes la belleza de la fe y la alegría de la vocación al matrimonio. Bendice a los enfermos, consuela a los tristes, dales esperanza a los desesperados, nuevo entusiasmo a los desanimados. No abandones a nuestros ancianos y cuida a los niños en nuestros pueblos. Bendice a los matrimonios 4 y haz que acojan la vida desde su concepción en el vientre materno hasta el ocaso natural. Que desaparezca la plaga del aborto y la amenaza de la eutanasia, para que crezca la cultura de la vida.

Te pido por los obispos y sacerdotes: Intercede ante tu Hijo, Buen Pastor, para que tengamos audacia de profetas, fortaleza de testigos, clarividencia de maestros, seguridad de guías y mansedumbre de padres.

En esta hora de la Iglesia, Virgen del Pilar, ayúdanos para que nuestras Diócesis de Zaragoza, Barbastro-Monzón, Huesca, Jaca, Tarazona, Teruel-Albarracín sean Iglesias en conversión pastoral y en salida, en sintonía y comunión con el Papa Francisco, que nos invita en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio y nos indica caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años. Como nos pide el Santo Padre “tenemos que salir” de nuestras fronteras y de nuestras inercias para llevar la alegría del Evangelio a nuestros hermanos. “hace falta pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral misionera” (EG 15). Nuestras Diócesis de Aragón queremos entrar en esta dinámica de conversión en nuestros Planes Pastorales, convocando a todos: a los cristianos practicantes; al gran número de cristianos bautizados no practicantes; al creciente número de conciudadanos que no han recibido el anuncio de Jesucristo (cfr. Proyecto del Plan Pastoral de la CEE 2016-2020).

Con el pan y el vino de la Eucaristía, convertidos en el cuerpo y en la sangre del Señor, andaremos el camino de renovación de nuestras respectivas Iglesias particulares.

Virgen Madre del Pilar, “Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y del amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz” (Oración del Papa Francisco al final de Evangelii Gaudium). Nuestra Señora del Pilar concédenos fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Amén.

+Vicente Jiménez Zamora

Arzobispo de Zaragoza

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