Estamos en deuda con los millones de parados. ¿Cuándo podrán tener trabajo?

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora          Son ya muchos años los que viene sufriendo la parte más débil de nuestra sociedad. Todavía se cuentan por millones los trabajadores que no tienen perspectiva de trabajo y si la tienen, no hay seguridad de tenerlo mañana. Las cifras más escandalosas que han merecido la atención del papa Francisco andan por el 50 % y aun el 60 % de los jóvenes que no tienen trabajo. Se pueden y se deben sacar conclusiones y consecuencias de lo que supone esto para el futuro de un país, del que se habla ya que puede dar por perdida una generación entera de su población.

En el primero de Mayo, la Iglesia hace memoria de San José Obrero, acompañando así a la sociedad que celebra la Fiesta del Trabajo. Es necesario, por tanto, que las parroquias que han celebrado los días previos la Semana Social convoquen también vigilias y actos de oración que reúnan a la comunidad cristiana para que el Señor nos mantenga sensibles a las necesidades del mundo del trabajo. Hemos de ser conscientes de que la opinión pública, sabiamente manipulada, tiende a crear un ambiente en el que, señalado el problema, y la realidad de los millones de parados, elude resaltar la gravedad de la tragedia personal y social que supone. Incluso nos llamará la atención, también, de los millones de desplazamientos por los distintos medios de transporte que se van a producir este puente. Esto sí que es una ayuda para salir de la crisis.

A cincuenta años del Concilio Vaticano II será conveniente escuchar al Espíritu Santo que le sigue diciendo a la Iglesia: «En un momento en que el desarrollo de la vida económica, con tal que se le dirija y ordene de manera racional y humana, podría mitigar las desigualdades sociales, con demasiada frecuencia trae consigo un endurecimiento de ellas y a veces hasta un retroceso en las condiciones de vida de los más débiles y un desprecio de los pobres. Mientras muchedumbres inmensas carecen de lo estrictamente necesario, algunos, aun en los países menos desarrollados, viven en la opulencia y malgastan sin consideración. El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras unos pocos disponen de un poder amplísimo de decisión, muchos carecen de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo con frecuencia en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana» (Gaudium et spes, 63).

Efectivamente, estamos instalados «en el endurecimiento de las desigualdades sociales y a veces hasta un retroceso en las condiciones de vida de los más débiles y un desprecio de los pobres». Los católicos partimos de una base distinta a la meramente económica y juzgamos la situación a partir de la dignidad de la persona del trabajador y de las condiciones humanizadoras que ha de tener el trabajo para quien lo realiza. Dios mismo, a través del Magisterio ordinario del Papa, nos dice: «Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen […]. Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos» (Mensaje para la Cuaresma 2015).

Con nuestra experiencia del amor de Dios y nuestras convicciones de fe comuniquemos a todos la gravedad de «lo que está pasando» y pidamos que esta sociedad dé solución pronto a la deuda que tenemos con los millones de personas de nuestro país que no tienen trabajo.

Vuestro obispo 

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.