P. José María de Vera: «La Iglesia japonesa es pequeña, pero muy valiosa»

Málaga José María de Vera«El catolicismo ha echado raíces en el Japón», afirma el P. José María de Vera, y habla con el conocimiento que le otorga haber sido profesor de la Universidad Sophia (Tokio) durante 28 años. Director de comunicación de los jesuitas en Roma y portavoz del Padre General de la Compañía de Jesús hasta 2008, afirma que «no existe un estilo de comunicación jesuítico uniforme»

Ha visitado Málaga para tratar el futuro de la Iglesia en Japón, pero ¿cuál es el presente? 

San Francisco Javier llegó a Japón en 1549 y estuvo allí dos años escasos. En 1583 los sucesores de Javier hablaban de 200 iglesias y 150.000 cristianos. Han pasado casi cinco siglos de una historia vertiginosa. Actualmente, en una población de 126 millones de japoneses, la población católica no llega a un millón, incluyendo unbuennúmero deextranjeros católicos que han echado raíces en el país. ¿Fracaso? Si se tienen en cuenta las vicisitudes históricas, el apego oriental a los antecesores y la calidad espiritual de los católicos japoneses no es fácil admitir el “fracaso” a menos que midamos la implantación de la Iglesia solamente en números. En resumen: la Iglesia japonesa, como dijo un buen conocedor coreano, es como un bonsái: una planta muy bella, pequeña y extraordinariamente delicada que a veces adorna un rincón de la casa. Pero su valor es muy alto.

Ha sido mucho tiempo portavoz del Padre General en Roma. Este puesto ¿le ha ofrecido más alegrías o retos? 

Trabajar bajo un jesuita de la calidad humano-espiritual tan marcada y armonizada como la del Padre Kolvenbach me produjo admiración, gozo y consuelo. En las pocas ocasiones en que se vio obligado a rechazar algunas de mis propuestas, jamás me sentí herido. Comprendí que la sabiduría de su visión estaba muy por encima de mis conocimientos profesionales.

El papa Francisco es admirado por su capacidad de llegar a los de dentro y a los de fuera. ¿Es un ejemplo de la comunicación jesuítica? 

No creo que haya un estilo de comunicación jesuítica uniforme. La unidad la procuraba san Ignacio en los jesuitas; pero la uniformidad no parecía preocuparle. La Compañía se empeña en desarrollar las virtudes de cada uno en armonía con lo que exige “militar bajo la bandera de Cristo en la Compañía ”. Pero “poner la carne en el asador”, como él hace, es una virtud que se cultiva en la Compañía aunque se manifieste en diferentes modalidades. El papa Francisco ha desarrollado su carácter y sus cualidades humanas conforme a las exigencias de la Iglesia tal como él las percibe.

(Ana María Medina – Diócesis de Málaga. Foto: S. Fenosa)

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