COMPRENSIÓN CON TODOS

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol     Una de las actitudes que hacen la vida más agradable es la comprensión, entendida como no descalificación de los demás sin atender a sus razones o sin examinar la causa de sus comportamientos. La manera de ser comprensivos es ponerse en los zapatos del otro y preguntarse ¿qué hubiera hecho yo en su lugar?

El juicio de los comportamientos, merecería, en palabras de Fray Luis de Granada, tener tres corazones: para con Dios, un corazón de hijos; para con los hombres, un corazón de madre; y para nosotros mismos, un corazón de juez.

¡Con que facilidad juzgamos a los demás y observamos sus defectos! En cambio, nos cuesta examinarnos y ver los nuestros. Es lo de la paja en ojo ajeno y la viga en el propio, según la enseñanza de Jesucristo.

En primer lugar debemos pensar que quien trabaja es quien se equivoca. Esto para empezar. No podemos exigir que todo el mundo haga todo bien y siempre, porque nosotros también cometemos fallos, sobre todo si asumimos responsabilidades. En el mundo del fútbol, se dice que sólo fallan penaltis quienes los tiran.

Después hay que pensar que unas personas tienen más habilidades que otras, pero eso no debe hacerlas motivo de descalificación. A uno le costará hablar en público; a otro, aparcar el coche al primer intento; a un tercero manejarse con la informática… Por fortuna no todos somos iguales, y en general somos un término medio en las acciones habituales que hacemos al cabo del día.

Por último, hay que ser comprensivo con quien es diferente, que no por eso es peor. Para un cristiano todos somos hijos de Dios, desde el monje hasta el ateo. No hay razas inferiores, como algunos europeos creían en otro tiempo, ni personas que merezcan nuestro desprecio como seres humanos. El «buenismo», como defecto, no consiste en ser comprensivo con todos, sino en serlo con todas las ideologías y las acciones.

La comprensión para un cristiano es algo más que un mero ejercicio de tolerancia: es un acto de caridad bien entendida. Cuando parece que cierta persona no merece comprensión, ¿no merecerá al menos compasión, como la que tiene Jesucristo con todos? El Señor nos dice: «Sed compasivos como vuestro Padre celestial es compasivo”»(Lc 6,36).

Quizá la persona a la que nos atrevemos a juzgar no ha tenido la formación o las oportunidades que tenemos nosotros, que, pese a ello, pedimos: Señor no lleves cuenta de nuestros delitos, no nos trates  como merecen nuestros pecados.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
Acerca de Mons. Jaume Pujol 324 Articles
Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.