AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA (2)

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella       El papa Francisco en unas hermosas palabras nos dice con sencillez qué es la misericordia la misericordia de Dios. Dice así: “Al escuchar la palabra misericordia, cambia todo. Es lo mejor que podemos escuchar: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia”.

Si la misericordia cambia el mundo, cuánto más cambiará nuestro entorno familiar, el ámbito en el que se desarrolla nuestra vida social y laboral, y también la vecinal. “Un poco de misericordia”, que dice el Papa, conseguirá que los esposos se quieran más y que sepan decirse el uno al otro “lo siento” en el momento adecuado. Y los padres a los hijos, y los hermanos entre sí. ¡Cuánto ganarían las familias si aplicaran en su seno las obras de misericordia, las materiales y, sobre todo, las espirituales!

El día pasado hice un breve comentario acerca de la espléndida parábola del hijo pródigo, o para ser más exactos del Padre misericordioso. Hoy propongo que nos adentremos en otra de las parábolas que recoge san Lucas, y que también es ya muy clásica a la hora de descubrir las entrañas misericordiosas de Dios, nuestro Padre.

Jesús fue artesano en los años de su vida oculta, siguiendo la estela profesional y laboral de san José. Nunca el Hijo de Dios ejerció ningún tipo de trabajo relacionado para nada con el pastoreo. Sin embargo, bien sea porque le llamaba la atención en Nazaret la vida y costumbres de los rebaños y sus pastores, bien sea porque una de las imágenes más atractivas de todo el Antiguo Testamento es precisamente la del rebaño, las ovejas y el pastor, el hecho cierto es que Jesús empleó esta parábola.

Sin duda alguna, sería relativamente frecuente el comentario entre los vecinos la pérdida o la desaparición de alguna oveja, en boca de los pastores que guiaban los rebaños. La verdad es que Jesús, a la hora de mostrarnos el afán y la preocupación que siente el Padre por cada uno de sus hijos, encontró en la imagen de la oveja perdida el mejor reclamo para ser comprendido.

La oveja es un animal dócil, muy gregario, temeroso de los perros y pronto a seguir la voz del pastor. Si se separa del conjunto del rebaño, se separa de verdad, con todas las consecuencias. Se pierde del todo. Al principio limitará toda su actividad a encontrar alimento fácil, pero, a medida que se va alejando de los lugares familiares, entrará en una dinámica de preocupación, angustia y peligro. No se sabe ni se puede defender. El peligro la acechará irremisiblemente.

Jesús, el Hijo de Dios que nos muestra al Padre, se califica a sí mismo como el Pastor Bueno que conoce a todas y a cada una de sus ovejas, las conoce por su nombre, las quiere a todas juntas y a cada una por separado. ¿Qué hace? Deja las noventa y nueve y vuelve sobre sus pasos para encontrar a la perdida, despistada, desubicada. El buen pastor pondrá todos los medios a su alcance: esfuerzo, tenacidad, vigor, hasta dar con la oveja. No mirará las muchas dificultades que su encuentro conlleva; no le importarán porque la oveja es suya, la conoce, la quiere.

Así es Dios. Nos conoce a cada uno, nos quiere personalmente, no en masa, te quiere a ti y a mi, conoce tu vida y tus pensamientos, nada se le oculta. Nos guía con atención, nos anima con constancia, nos perdona siempre, nunca se cansa de perdonar. ¡Dios es rico en misericordia! ¡Qué grande es nuestro Dios!

Escuchemos de continuo su voz dulce y amable, volvamos a Él siempre que nos hayamos descarriado, mantengámonos a su lado y, no traspasemos nunca el espacio del redil, que es la Iglesia, ahí encontramos la dulce presencia del Resucitado.
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.