EL BUEN PASTOR NECESITA PASTORES (Ante las jornadas de Oración por las Vocaciones y de las Vocaciones Nativas)

Mons. Julian LópezMons. Julián López     Queridos diocesanos:

El 26 de abril, domingo del Buen Pastor (IV de Pascua), contempla este año una doble jornada eclesial, la de Oración por las Vocaciones y la de Oración y Colecta por las Vocaciones Nativas. Ambas nos ayudan a profundizar en aspectos concretos del gran acontecimiento que venimos celebrando en la Cincuentena pascual, la presencia viva del Señor resucitado que nos da el Espíritu Santo para llevar a cabo la misión de la Iglesia.

La figura del Buen Pastor, como todos sabéis, es una de las más entrañables del evangelio y del tiempo de Pascua. No en vano constituye una de las primeras y más constantes representaciones del Señor en el arte cristiano, comenzando por las catacumbas romanas. Jesús mismo se aplicó esta imagen (cf. Jn 10, 6) que, por otra parte, tiene antecedentes muy significativos en el Antiguo Testamento. ¿Quién no recuerda el bellísimo salmo: “El Señor es mi pastor, nada me falta”? (Sal 23 [22], 1). Jesús es ese Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas en la cruz. Establecía así una profunda relación de intimidad y de comunión entre Él y nosotros: “Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen” (Jn 10, 14). Antes había dicho que las ovejas atienden a su voz, y él las va llamando por el nombre… camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz” (10, 3-4). Esta referencia tomada de la vida real es aplicada al conocimiento mutuo y, en definitiva, de amor recíproco entre el Buen Pastor y los que “somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 100 [99], 3) en el ámbito de la comunidad eclesial. E incluso repercute también en la práctica del mandamiento del amor fraterno, pues no en vano el Señor nos ha mandado amarnos como Él nos amó (cf. Jn  13, 34).

Pero el Buen Pastor quiere extender y compartir ese pastoreo de amor y busca colaboradores, discípulos que sean “pastores según su corazón” (Jer 3, 15), a los que alecciona con su palabra y ejemplo para que cuiden del rebaño. No nos extrañe, pues, que en el domingo IV de Pascua la Iglesia haya instituido las Jornadas mencionadas para orar por todas las vocaciones y para que cooperemos, económicamente también, en la formación de aquellas vocaciones denominadas  “nativas” y que son las que surgen y abundan en los países de misión. El lema de ambas Jornadas es “¡Qué bueno caminar contigo!”, que parece aludir -la expresión ¡qué bueno…! es ciertamente hispanoamericana- a esta afirmación del papa Francisco: “Caminar es una de las palabras que prefiero cuando pienso en el cristiano y en la Iglesia”. En efecto, toda respuesta a una vocación significa, echar a andar y caminar no en solitario sino en compañía, especialmente con Jesús que sale al encuentro de los que llama. Puede suceder que no lo reconozcamos al principio, como les sucedió a los discípulos de Emaús, pero llegará el momento en que se nos abran los ojos y descubramos que era Él. Por otra parte, caminar en compañía supone también avanzar con otros hacia la misma meta, compartiendo la experiencia de la fe, la ilusión de la esperanza y la fuerza misionera del amor.

Obedeciendo, pues, el mandato de Cristo, el Buen Pastor, roguemos una vez más por todas las vocaciones ya ayudemos a las “nativas”. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella