La belleza que nos regala la Resurrección de Cristo

carlososoro1Mons. Carlos Osoro      ¡Cristo ha ascendido victorioso del abismo! Vivid en este tiempo pascual la alegría que nace de sabernos queridos y amados por Dios. Celebremos todos que, por pura gracia, hemos sido injertados en el misterio Pascual de Cristo, pues hemos muerto con Él y hemos resucitado con Él, para reinar siempre con Él.

Con todas mis fuerzas, quiero hacer para cada uno de vosotros esta meditación en voz alta. Escúchala como si fuera dirigida directamente a ti, acógela en tu corazón. Apacigua todo lo que pueda acontecer o suceder en tu vida. Escucha, haz silencio, contempla lo sucedido: ¡Jesucristo ha resucitado! Es una noticia que cambia todo. La vida y la historia tienen nueva dirección. Lee tu vida, la de los demás y todo lo que existe, de una manera nueva. Hazlo con el aliento del Amor que te entrega Jesucristo Resucitado. Colma la vida de esperanza.De esa esperanza que viene de Él.Prueba la dulzura de su benevolencia.Toma posesión de la fuerza que el Señor te ha entregado con su Vida.Aclara la mirada que haces sobre todas las cosas y sobre los hombres con la luz que viene de Jesucristo. ¡Qué claridad! ¡Qué belleza adquieren todas las cosas!Cuando estés turbado o llegue la desesperanza, busca la serenidad y sáciate en Él. Solamente Él, te hará recobrar la serenidad y la esperanza.Cuando sientas la debilidad, busca en Él fortaleza y ánimo, la fuerza para el camino y para animar a quienes tienes a tu lado.Cuando descubras que te desvías o que son los demás quienes se desvían, encuéntrate con Él y haz posible que, por tu modo de vivir, los otros se encuentren con quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Así se endereza la senda y entras por el único camino que tiene el ser humano, que es Jesucristo. Cuando estés enfermo de cualquier clase de enfermedad y, sobre todo, de la más grave para la existencia del hombre, de esa enfermedad que es no saber quiénes somos ni para qué estamos en la vida, pide al Señor que te cure. Entrar en el río de la gracia y en la experiencia de su amor te traerá salud. Esa que necesita el hombre y que solamente puede entregar Jesucristo Resucitado.

Cuando estés sin luz y por tanto en la oscuridad, Señor, danos la luz de tu Resurrección, que hace ver todo de un modo nuevo.

Que nunca rechacemos la fuerza de la gracia que Tú quieres que llegue a todo hombre. Haznos conocerte siempre. Danos tu enseñanza. Tórnanos a la integridad que sabemos que solamente llega contigo.

Que con tu Resurrección, penetremos lo impenetrable.

Que desde tu Resurrección, entremos en la profundidad del secreto que Tú y solamente Tú, abres para el hombre. Que sepamos entrar en la profundidad de tu Misterio.

Tu Resurrección, Señor, nos ha dado la riqueza que necesita el ser humano para vivir. Eres la riqueza frente a toda indigencia. Eres el objetivo final de mi larga súplica. Eres la meta a donde confluyen todos mis deseos. Concédeme tu favor. Extiende tus riquezas sobre mi pobreza y mi desnudez.

Con tu Resurrección, mis miedos desaparecen, mis debilidades se convierten en fortaleza, mis ambiciones y egoísmos se tornan en generosidad y en entrega de toda mi vida a los demás, mis penas se curan.

Seamos valientes para hacer a la humanidad entera el anuncio de la Resurrección. Hagámoslo así: “¡Ha resucitado, está vivo!” No compliquemos el anuncio. Digamos simplemente: “¡Ha resucitado!” “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?”(Lc 24, 5).

Sin la Resurrección de Cristo el ser humano y la historia permanece a oscuras, como permaneció a oscuras lo que en el principio existía, hasta que Dios dijo “hágase la luz”. Así ha permanecido en la oscuridad todo hasta la Resurrección de Cristo. Sabed que cuanto existe y se mueve dentro de la Iglesia: sacramentos, palabras, instituciones, saca su fuerza de la resurrección de Cristo. Ante el anuncio de la resurrección, se abren dos caminos: el de entender para creer y el de creer para entender. No son irreconciliables, pero la diferencia entre ellos es notable. Os invito a que escojáis el que el Apóstol propone: “estos signos han sido escritos para que creáis” (Jn 20, 31), es decir, el de creer para entender. “Ha resucitado para nuestra salvación” (Rm 4, 25). De tal manera que la salvación depende de la fe en la Resurrección. Hacer Pascua, es decir, pasar de la muerte a la vida, significa creer en la Resurrección.

La fe en la Resurrección es tan importante que de ella depende todo en el cristianismo. ¿Cómo se consigue la fe y de dónde se saca? San Pablo lo dice claramente: “La fe surge de la proclamación” (Rm 10, 17). En definitiva, depende de que escuche con una profunda disposición esta palabra: “¡Ha resucitado!” Y cuando se escucha, entra y se genera algo nuevo en la existencia.

¿Qué compromiso os pediría en esta Pascua del año 2015? El mismo que tuvieron los discípulos primeros del Señor: comenzar de nuevo el camino, pero ahora con la novedad absoluta que trae la Resurrección de Cristo, sabiendo que hemos renacido, que todo ha sido regenerado. Y esto trae una gran capacidad de esperanza. La Iglesia nace de un movimiento de esperanza y, cuando este movimiento falta, es señal de que no se cree del todo en la Resurrección de Cristo. Hoy hay que despertar en la Iglesia este movimiento de esperanza si es que queremos dar un nuevo impulso a la fe.

Os voy a contar algo que describió muy bien un poeta creyente: las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) son como tres hermanas. La fe y la caridad son como las hermanas mayores. La esperanza es la hermana menor, y va en medio de las otras dos, dándoles la mano. Pareciera que las dos mayores llevan a la menor. Sin embargo, es todo lo contrario. Es la esperanza quien tira de la mano de la fe y la caridad. No hay ninguna propaganda que pueda hacer tanto como la esperanza. Por eso, cuando se ataca la esperanza de los cristianos, se ataca algo esencial. La esperanza mueve a los jóvenes, a los mayores, a las familias. Regalar la esperanza es lo más hermoso que podemos hacer. Por eso, el  anuncio: “¡Ha resucitado!”, quiere expresar que todo es diferente ya con el triunfo de Jesucristo.

Con gran afecto, os bendice:

+Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.