¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez     Os digo y me digo a mí mismo: “¿Cómo testimoniaremos la alegría que colma nuestro corazón por el amor de Cristo?” Si alguna vez hemos experimentado el amor a Jesucristo, hoy es cuando, al anunciarnos la Iglesia su resurrección, nuestro corazón exulta y ha de exclamar: “Me han traído esta buena noticia: Jesús, mi Dios, vive”. Al escuchar semejante alegría, ¿ha recobrado el ánimo mi corazón, que tal vez está hundido en la pena y en el desánimo? Los cristianos nos deseamos la Feliz Pascua. La suave música de este gozoso mensaje tiene que reanimar a cuantos, por ser pecadores, estábamos hundidos en la muerte. Sin este mensaje no habría más salida que desesperar y enterrar en el olvido a aquellos que Jesús, saliendo de los infiernos, habría dejado en el abismo.

Hazte unas preguntas para comprobar que tu espíritu ha recobrado la vida en Cristo: “Si Jesús vive, ¿eso me basta? Si Él vive, ¿yo vivo en Él, mi vida depende de Él? ¿Él es mi vida, Él es mi todo? ¿Qué me puede faltar si Jesús vive? ¿Qué me importa que me falte lo demás, si sé que Jesús vive? De nuevo lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta. El que es primicia de los muertos, sabemos que está resucitado; la muerte en Él no manda. Y da sus fieles parte en su victoria santa. Nada más grande que esto ha sucedido a la humanidad. Me ha sucedido a mí. Mi vida está orientada hacia a los demás; ya no vale quererse exclusivamente a sí mismo; gano cuando pierdo; me encuentro si no me busco a mí mismo; puedo morir, pero resucito en Él.

Los cristianos sabemos que Cristo está resucitado. Él está vivo, porque “ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua” (1 Cor 5,7). Este era el grito, la exclamación de san Pablo, un texto que apenas remonta a veinte años después den la muerte de Jesús. Esta es la conciencia de la novedad cristiana. El símbolo central de la Historia de la salvación –el Cordero pascual- se identifica aquí con Jesús, llamado precisamente “nuestra Pascua”. Quiero recordar un bello texto de san Agustín, que él dirigía a sus cristianos: “¡Venid, cantores buenos, hijos de la alabanza del Dios verdadero! Han llegado los días en que hemos de cantar el Aleluya”. Hay en estas palabras un exultante júbilo pascual; recobran toda su lozanía cada vez que amanece el sol de la mañana de Pascua sobre el panorama cambiante de este mundo.

¿Puede realmente cantarse el aleluya sobre esta tierra, mantener hoy vivo el júbilo del aleluya, como hace ahora la Iglesia en el tiempo pascual? ¿Tiene cabida el aleluya en este mundo? Sin duda que el “cántico del Señor” se nos ha vuelto profundamente extraño. Pero es menester buscar de nuevo el alma del aleluya y reconquistarle al cántico del Señor el lugar que merece en la vida de los redimidos. Hemos experimentado, sin duda, desalientos, dudas, peligros y tristezas; hemos experimentado el mal, la enfermedad, tantas otras cosas. Pero es la audacia de la fe del que corre al lado de Cristo y con Él persevera para cantar con fuerza el aleluya; aunque seamos miembros débiles del fuerte vencedor de la Pascua. Cantar el Aleluya es introducirnos en la luz y lograr asir, ya en la carne, la orla de la eterna alegría. Feliz Pascua.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 314 Articles
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.