Misericordia

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”. ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar “setenta veces siete” (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante! (Evangelii gaudium, 3)

Desde el año 2000 la Iglesia Católica celebra el Segundo Domingo de Pascua con el nombre de Domingo de la Divina Misericordia como consecuencia de una iniciativa de San Juan Pablo II. En la segunda lectura de este domingo proclamamos un texto de la primera carta del Apóstol San Pedro que nos dice: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo».

Os llamo la atención sobre esta frase del Papa Francisco: «No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase» que tiene una clara inspiración en la exclamación del Apóstol San Pedro donde se une la misericordia de Dios con la resurrección de Jesucristo.

La misericordia divina está llena de resonancias bíblicas donde se asegura la lealtad de Dios a pesar de las traiciones y olvidos de su Pueblo elegido, se habla de la bondad de Dios, y de su fidelidad: Dios se compromete con su pueblo mediante una Alianza. En definitiva, todo se encierra en el misterio del amor de Dios que tiene a Israel con un amor de padre, que lo quiere tratar como a un hijo, y también como un esposo que perdona las infidelidades de la esposa, denuncia sus pecados pero es pronto al perdón y a la misericordia.

La terquedad del ser humano viviendo «como si Dios no existiera» dejándose llevar por los ídolos, personificaciones del placer, el tener, el poder… nos dice el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado».

La misericordia de Dios con el ser humano culmina llevando la naturaleza humana a la vida eterna del mismo Dios. Por la vida, Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo, Dios y Hombre verdadero, se nos abren las puertas del Cielo, decimos. En Jesucristo estamos llamados a la plenitud de la Vida gratuitamente regalada por la Misericordia infinita de nuestro Dios. «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo».

Vuestro obispo,
† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.