La Eucaristía, prenda de la futura Gloria

Mons. Francisco PérezMons. Francisco Pérez             Cuando dos personas que se aman mucho y se tienen que separar, calculando que la ausencia será larga, se suelen intercambiar un recuerdo, un signo, una fotografía, un detalle, que al verlo haga que se renueve el amor y el deseo de estar siempre juntas. La imaginación de la gente suele ser muy expresiva en estos casos, pero nunca puede llegar a la eficacia de los símbolos y sacramentos cristianos.

Esto es lo que sucedió, en la Última Cena de Jesús, con sus discípulos. Los amaba “hasta el extremo” y sabiendo que se iban a separar, “deseó ardientemente” despedirse y dejarles un recuerdo inigualable. Se donó Él mismo, presente en el pan y en el vino de la Eucaristía. Ésta es la prenda, el símbolo, que nos garantiza que estaremos con Él reunidos en el cielo.

Símbolo es una palabra griega que significa poner juntas dos cosas que se hallaban separadas. En la antigua Grecia cuando dos personas tenían una relación de parentesco, amistad o un contrato rompían un palito o una cerámica y cada uno se quedaba con una parte. Era el símbolo que se transmitía de padres a hijos. Cuando se encontraban sus sucesores o representantes se hacían encajar ambas partes. El ajuste perfecto atestiguaba la identidad de quienes lo poseían. La relación se reconstruía con la misma fuerza original.

La Eucaristía es mucho más. No es sólo una información o un recibo, sino que nos hace entrar ya en una dinámica propia. Es ya la realidad, nos pone en comunión, nos reúne en sintonía perfecta, ensimismándonos y haciendo una misma realidad con Jesús. El símbolo o signo sacramental contiene el misterio que celebramos. “Los signos sacramentales significan y realizan la salvación obrada por Cristo y prefiguran y anticipan la gloria del cielo” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1152).

Jesús había anunciado repetidamente que se iba a dar en alimento y que comerle sería prenda de vida eterna. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día… el que come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,54-58). La Eucaristía se nos da como prenda de la gloria futura y anticipación de la gloria celestial. Con razón la liturgia reza con frecuencia en la oración al final de la Eucaristía: “Te damos gracias, Padre, porque ya en esta vida mortal nos has hecho gozar del manjar del cielo. Concédenos, que por esta prenda de gloria eterna pasemos de esta mesa de la tierra al banquete eterno de tu Reino”.

La Eucaristía es una garantía, un aval, un seguro, para entrar en el cielo. La comunión en forma de viático, suele darse junto con la Unción de los Enfermos y también aparte. Tiene el sentido de fortalecer, acompañar y presentar ante Dios a quienes lo reciben. Es muy importante catequizar a los fieles en este sentido, considerando la que será quizás la última comunión, como una provisión necesaria y ayuda eficaz para pasar a la vida eterna. “En el tránsito de esta vida, el fiel, robustecido por el Viático del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se ve protegido por la ganancia de la Resurrección” (Ordo Unción de los Enfermos, nº 26). No sólo el viático, sino todas las comuniones de la vida nos van abriendo el camino del cielo. “El Pan Eucarístico es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir y remedio para vivir en Jesucristo para siempre” (San Ignacio de Antioquía).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).