Domingo de la Divina Misericordia

Queridos hermanos en el Señor:

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell       Os deseo gracia y paz.

La Octava de Pascua concluye con el Domingo de la Divina Misericordia. El 7 de abril de 2013 explicaba el Papa Francisco: “Qué hermosa es esta realidad de fe para nuestra vida: la misericordia de Dios. Un amor tan grande, tan profundo el que Dios nos tiene, un amor que no decae, que siempre aferra nuestra mano y nos sostiene, nos levanta, nos guía”.

En la homilía de la Vigilia pascual de 2009 decía el Papa Benedicto XVI: “desde que Cristo ha resucitado, la gravitación del amor es más fuerte que la del odio; la fuerza de gravedad de la vida es más fuerte que la de la muerte”.

Jesucristo nos revela la verdad de Dios como Padre de la misericordia. Nos lo hace sentir cercano a quien sufre, a quien se siente amenazado en el núcleo de su existencia y de su dignidad. Muchas personas, guiadas por un vivo sentido de fe, se dirigen espontáneamente a la misericordia de Dios. Con Cristo, llenos de alegría y esperanza, pueden caminar, avanzar, sostenidos por una fuerza que viene de lo alto.

Celebrar la Divina Misericordia significa para nosotros reconocer una presencia decisiva e insustituible, fuerte y suave, transformadora y principio de nueva vida.  También nos permite dirigir nuestra mirada hacia las personas que llevan sobre sus hombros la pesada cruz del sufrimiento.       Nos acompaña la Virgen fiel que se consagró totalmente al misterio de la redención y aceptó, de modo humilde y ardiente, la voluntad del Señor. A Ella le rezamos: “vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”. Aprendemos a mirar con María hacia Cristo y aprendemos a conducir los hombres a Cristo.

Al revelar el amor-misericordia de Dios, Cristo nos pide a todos que nos dejemos guiar en nuestra vida por el amor y la misericordia. Es el regalo de una fe recia y profunda, una espiritualidad alta y comprometida, una ayuda en el itinerario de la evangelización.

La dimensión humana de la redención nos da a conocer la grandeza del hombre, que mereció tan gran Redentor. La dimensión divina de la redención nos manifiesta el amor llevado hasta el extremo: “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Jn 3,16). Nos conmueve escuchar las solemnes palabras: “sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1).

Las parroquias, las comunidades religiosas, los movimientos, las asociaciones, las cofradías y hermandades, todas las realidades eclesiales están llamadas a dar testimonio del amor misericordioso de Dios.

La parroquia debe seguir siendo el centro propulsor de la vida cristiana. La parroquia tiene la responsabilidad de formar cristianos convencidos y convincentes, capaces de valorar cristianamente los acontecimientos y las decisiones.  En el Año de la Vida Consagrada reconocemos y agradecemos el testimonio evangélico de las comunidades religiosas presentes en nuestra Diócesis, su experiencia de comunión y de vida eclesial, su compromiso por hacer llegar la misericordia de Dios a través de la compasión hacia los más necesitados.  Estamos llamados a recurrir a la misericordia en el nombre de Cristo y en unión con Él.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.