¿Sabemos poco de lo que sabemos?

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora       Hoy es Domingo de Resurrección, nos dice el Calendario de la Iglesia. Celebramos el gran acontecimiento de la historia humana: El conocido como Jesús de Nazaret, el Nazareno, que lo mataron en la cruz como a un delincuente, ha resucitado. De ahí nos nace a todos la alegría y el papa Francisco es especialista en anunciar esa alegría del creyente: «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo». (Evangelii gaudium, 276)

Porque Cristo ha resucitado han desaparecido en Él las barreras del tiempo y del espacio. Él, que vino a nuestra Historia como «un hombre cualquiera» que dice san Pablo, o «He aquí al Hombre», como declaró Pilato al ver lo que habían hecho con Él, y por sus órdenes, sus soldados. Este hombre vive y acompaña nuestras historias personales y colectivas. A partir de Él «nace y renace la alegría» en nosotros. El Papa vuelve, una y otra vez, llamándonos a la Misión de anunciar esta Buena Noticia, este Evangelio que, por otra parte, la gente hasta quiere pensar que haya podido ser verdad.

Pero de saber lo que pasó a experimentar lo que está pasando, va la diferencia que hemos de romper nosotros. Por eso nos pide el Papa a los católicos conscientes: «En el capítulo segundo reflexionábamos sobre esa falta de espiritualidad profunda que se traduce en el pesimismo, el fatalismo, la desconfianza. Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces para ellos es inútil esforzarse. Piensan así: “¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”. Con esa actitud se vuelve imposible ser misioneros. Tal actitud es precisamente una excusa maligna para quedarse encerrados en la comodidad, la flojera, la tristeza insatisfecha, el vacío egoísta. Se trata de una actitud autodestructiva porque “el hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se volvería insoportable”. Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive. De otro modo, “si Cristo no resucitó, nuestra predicación está vacía” (1 Co 15, 14). El Evangelio nos relata que cuando los primeros discípulos salieron a predicar, “el Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra” (Mc 16, 20). Eso también sucede hoy. Se nos invita a descubrirlo, a vivirlo. Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda» (EG 275).

Nosotros que sí sabemos “lo que está pasando” y tratamos de experimentar y vivir la presencia del Señor resucitado, debemos entregarnos a la Misión de anunciar lo mismo que hicieron los Apóstoles cuando rompieron con los miedos de la Muerte de Cristo: «El que matasteis ha resucitado» y llama a todos a la Vida. ¡Feliz Pascua!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.