Resucitó el Señor

atilanoRodriguezMartinezMons. Atilano Rodríguez       Las santas mujeres y los discípulos de Jesucristo nos han legado el incomparable testimonio de su resurrección de entre los muertos. El gran mensaje de estos testigos, transformados interiormente por la alegría del encuentro con el Maestro, se concreta en la confesión de la victoria de Jesús Nazareno sobre el pecado y la muerte. Resucitado de entre los muertos, vive para siempre y, por tanto, quienes somos miembros de su Cuerpo podemos participar de su alegría, de su paz y de la victoria sobre sus enemigos.

Con la resurrección de Jesucristo, el primero de todos, se hace verdad la afirmación de que el amor es más fuerte que la muerte. El Padre ha escuchado las súplicas de su Hijo primogénito, resucitándolo de entre los muertos. No era posible que permaneciese para siempre en la muerte quien le había entregado su vida por amor a Él y a los hombres.

Como miembros del Cuerpo de Cristo, su resurrección  y su victoria sobre el pecado y la muerte nos alcanza también a nosotros. Por lo tanto, hay motivos fundados para la alegría, la esperanza y la celebración, ya que hemos sido convocados por pura gracia a formar parte activa de la comunidad del Resucitado, del Viviente. Dios, que nos precede en el amor, nos acompaña también en cada instante de la vida por la acción fecunda del Espíritu Santo para llevarnos un día a participar de su gloria por toda la eternidad.

Quienes tenemos la dicha de experimentar la presencia del Resucitado en nuestras vidas no podemos dejarnos vencer por la tristeza y el desánimo.  El encuentro con Cristo, Evangelio de Dios para el hombre de todos los tiempos, tiene que llenar de gozo el quehacer de cada día y las relaciones con nuestros semejantes, ayudándonos a ser testigos más auténticos del amor y de la misericordia de Dios. Ya no podemos vivir bajo la esclavitud del pecado, puesto que hemos sido engendrados como hombres nuevos en el bautismo. Renovados en justicia y santidad por el Espíritu Santo, hemos de abandonar lo viejo y lo caduco para vivir en la libertad de los hijos de Dios.

Esta gran noticia de la resurrección de Jesucristo, tampoco podemos guardarla únicamente para nosotros. Con profunda alegría y convicción, como las mujeres y los primeros discípulos del Señor, hemos de comunicarla, decirla y testimoniarla a los hermanos, porque su resurrección es para todos. Por lo tanto, superando los miedos, la pasividad espiritual y los cansancios, quienes hemos tenido la dicha de encontrarnos con el Resucitado hemos de actuar siempre con la audacia y la convicción del discípulo misionero, conducidos por el Espíritu, que nos precede y acompaña siempre.

Desde la comunión con Cristo resucitado, salgamos sin miedo al encuentro de quienes viven en “las periferias humanas”. No nos quedemos en el lamento y en la queja permanente, pensando sólo en las dificultades. Si confesamos a Jesucristo como Dios y hombre, sabemos que Él tiene el poder de cambiar nuestro corazón y el de nuestros hermanos. Él puede renovar nuestra capacidad de amar, ayudándonos a mostrar la alegría del Evangelio y la certeza de la resurrección a todos los hombres.

Ahora bien, para permanecer en la comunión con el Resucitado y para ser testigos convincentes de su resurrección, necesitamos recorrer el camino de la interioridad y de la profundidad, el camino de la reflexión y del recogimiento. Sólo así podremos escuchar la voz del Señor y experimentar su salvación. San Agustín señala en este sentido: “No quieras ir fuera de ti mismo, es en el interior donde habita la verdad”.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz Pascua de la resurrección del Señor.

+Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.