Mensaje del Obispo de Cuenca. Procesión de la Vera Cruz.

Jose_Maria_Yanguas_CuencaMons. José María Yanguas     “¡Padre, perdónalos. No saben lo que hacen!”

Cómo agradecemos tus palabras, Jesús, que hablan de compasión y misericordia, de perdón. ¿Son estas, acaso, palabras cobardes, propias de alguien medroso para la venganza, incapaz de atreverse a dar respuesta adecuada a la ofensa? ¿Son palabras, acaso, que sólo tienen sitio en una moral de esclavos, de personas débiles, que se defienden con ellas de su insignificancia, de su falta de arrojo? ¿Impide realmente el perdón la formación de hombres fuertes? ¿Es fuerte la cólera o la paciencia? ¿La venganza o el perdón? ¿La ira o la mansedumbre?

Sé que el perdón es visto a veces como debilidad. La venganza, en cambio, se propone cual demostración de hombría y de vigor. Qué gran error. La venganza no puede ser la respuesta al mal recibido; no lo vence ni supera; procura sólo dolor al malhechor, añadiendo mal a mal. El mal se vence sólo con la fuerza formidable del perdón. La venganza no requiere de  arrojo o de coraje, de fuerza o determinación. La venganza se desliza sola, llevada por la corriente de la propia cólera.

El perdón, en cambio, detiene, controla, somete, domeña la fuerza del mal que desencadena el pecado. Requiere infinita mayor fuerza de ánimo el perdón que la venganza. El perdón frena y vence la fuerza arrolladora del mal.  Dios vence el mal, perdonándolo. Por eso el hombre se asemeja a Dios, se diviniza, al perdonar. El perdón desaloja el mal del interior, el rencor, que es fruto de la ofensa: lo ataca en su guarida que es el corazón del pecador.

El perdón recibido invita al pecador a pedirlo. Casi lo obliga con su fuerza. Y así el pecador vence también al mal. Lo vence cuando pide su perdón.

Al perdonar desde la Cruz, al disculpar a quien te ofende, Señor de la Vera Cruz, Tú has herido de muerte al mal. Tu amor ha sido más fuerte. Nos permite, permite a cada uno, iniciar una historia nueva. ¡Una nueva vida! Si tú quieres.

El perdón manifiesta el amor más excelente. Sólo un amor vivo, intenso, fuerte, bien fundado en Dios, otorga el perdón al que lo hiere. El que ama no se da en seguida por ofendido, olvida pronto, voluntariamente, borra  el pecado y aun sus huellas. Quita importancia: ¡si no es nada!, ¡si es que yo…! Casi echa sobre sí mismo el pecado ajeno. Lo excusa y lo disculpa, mientras que quien poco ama, inculpa en seguida a los demás.

El perdón manifiesta, sí, el amor excelente, que tiene su último origen en Dios. Quien perdona sabe, ¡y mucho!, de amor. Quien no perdona, no acaba de entender qué es propiamente amar. Solo sabe hacerlo con los que le hacen bien, con quienes a su vez lo aman. Ese amor conserva un punto de egoísmo, porque le interesa no el bien, sino su bien. Pero el mal no lo es principalmente porque me haga mal, no es mal porque me ofenda. El mal, el pecado, lo es sobre todo porque ofende a Dios; es Él  el ofendido!

¡Padre, perdónalos. No saben lo que hacen! Nunca escucharás, nazareno, palabras de amor más grande, más sincero y total. A ti las dice esta noche, desde lo alto del madero, el Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Escúchalas. ¡Son para ti!

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).