FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN – ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

jimenezzamoravicenteMons. Vicente Jiménez Zamora        Queridos diocesanos:  “Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Estas palabras del salmo 117 suenan a pregón de fiesta de la Pascua de Resurrección. La Iglesia, con gozosa emoción, anuncia a los cuatro vientos que Cristo ha resucitado.

Hoy nos felicitamos por la noticia siempre buena y siempre nueva: la Resurrección del Señor. Cristo muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida.

La Resurrección de Cristo es el milagro del comienzo de la vida nueva. Al árbol viejo de la humanidad vencida por el pecado y la muerte, como al olmo seco que cantó el poeta A. Machado, le han nacido nuevas hojas en la primavera de una Pascua florida.

Hoy damos gracias a Dios por la vida nueva, que brota a raudales del árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Desde el acontecimiento trascendental de la Resurrección del Señor, un río de esperanza inunda nuestras vidas. Es una esperanza que no defrauda. El hombre actual está cansado de oír el reclamo de viejas ideologías que no dan respuesta satisfactoria y definitiva a los grandes interrogantes de la existencia humana. “Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro” (Vaticano II, GS 10).

 

La Resurrección de Cristo nos pone ante la gozosa exigencia de lo nuevo. En la noche santa de la Vigilia Pascual todo es nuevo: la luz (el cirio), que nos hace testigos del gran Viviente Jesucristo. No somos fúnebres seguidores de un cadáver enterrado en la tarde del Viernes Santo, sino testigos alegres y esperanzados de Cristo Resucitado en el alba madrugadora del Domingo de la Pascua; el agua, símbolo del Bautismo, que nos hace hijos de Dios; el pan de la Eucaristía, que nos hace hermanos alrededor de la mesa de la unidad. Pero, sobre todo, es nuevo el hombre que renace en Cristo ‘por el agua y el Espíritu’ (Jn 3, 5). Si hemos sido sepultados con Cristo en su muerte por el Bautismo y nos hemos identificado con Él en su Resurrección, no podemos ser hombres viejos y de pecado (cfr. Rom 6, 3-11), hombres vencidos por al tristeza, el pesimismo o el miedo. Hemos sido ‘engendrados, por la Resurrección de Jesucristo, a una esperanza de vida’ (1 Ped 1, 3).

La Pascua es el tiempo de la alegría, porque Cristo “es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida (Prefacio Pascual I). Finalmente triunfó la vida. Ahora la última palabra la tiene no la muerte, sino la vida, por eso podemos cantar de júbilo, porque Dios ha hecho maravillas.

El signo de una existencia cristiana es la verdadera alegría. Se trata de vencer a la tristeza y al miedo. Hay que formar comunidades pascuales, que vivan e irradien la alegría, aun en medio de las dificultades y pruebas. El mejor testimonio de la comunidad cristiana primitiva “unida en la Palabra, la Eucaristía y el servicio” era “la alegría y sencillez de corazón” (Hc 2, 47).

En el tiempo de Pascua, volvemos la mirada y el corazón a la Virgen María, “causa de nuestra alegría”, y cantamos la antífona Regina coeli laetare. Aleluya: Reina del cielo, alégrate. Aleluya.

Para todos vosotros, queridos diocesanos y hombres de buena voluntad, mis mejores deseos de una feliz Pascua de Resurrección.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.