¡En busca de las huellas de la resurrección de Jesús!

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     ¿Ha resucitado o no? ¡Ésta es la cuestión!

Preparando la celebración de la confirmación con un nutrido grupo de chicos y chicas, repasábamos la profesión de fe, la renovación de las promesas del bautismo que debe hacerse antes de recibir el sacramento, y que manifiestan el compromiso de “ser discípulos de Jesucristo”.

Al comentar las afirmaciones de la fe, cuando pregunto “crees en la resurrección de Jesucristo”, Martín, Laya y Nieves responden: “No lo sé, ¿cómo puede demostrarse?”. Es cierto que en su instituto ya se había cuestionado este hecho, y que durante las reuniones de formación habíamos repetido que la piedra angular de nuestra fe es la resurrección de Jesucristo.

Sin resurrección no hay Espíritu, ni Iglesia, ni esperanza de una humanidad renovada, ni vida en plenitud tras vencer a la muerte, ni verificación del Evangelio, de la Buena Noticia de la Salvación.

Me atrevo, como aquel día, a responder a la pregunta de cómo se puede demostrar.

Posiblemente no pueda demostrarlo como deseáis —les dije—, si pensáis que la demostración ha de ser igual a la de una fórmula matemática, física, química o de lógica… Tampoco lo hicieron así los primeros testigos de la resurrección, apóstoles y discípulos… Lo hicieron desde su vida, con su testimonio y con su muerte. Es decir, sí me atrevo  a “demostrar”  que no creían y no creemos en Jesús muerto, sino en Jesús muerto y resucitado. ¿Cómo? Pues, con signos o hechos que pienso — únicamente pueden existir gracias a la resurrección de Jesucristo.

–  El testimonio de los apóstoles, de los primeros mártires y de todas las generaciones de mártires que, pese a no querer morir, prefirieron ser fieles a Jesús Resucitado, confirmando su fe antes que prolongar unos años su vida humana. Nuestros mártires siempre están dispuestos a  dar su vida al momento, o poco a poco, para ofrecer aquel que es la Vida por medio de obras y palabras, pero nunca arrebatando la vida a nadie.

– La existencia y la misión de la Iglesia, de sus comunidades e instituciones, desde Jesús Resucitado hasta hoy, en todo el mundo. Hemos superado dificultades, persecuciones, limitaciones humanas, pecados personales e institucionales, dificultades políticas… Es un hecho tan significativo que no se entiende sin la presencia y acción del Espíritu Santo, la promesa y el regalo de Jesús Resucitado. Si Jesús no hubiese resucitado haría mucho tiempo que la Iglesia no existiría tal como ha sido y es. Tal vez hubiera subsistido como una “secta minoritaria”.

–  La vida ordinaria de millones de personas vivida con fe, esperanza y mucho amor hasta el perdón. Pensamos en personas conocidas que se han mantenido fieles a Jesucristo en la Iglesia, pese a vivir situaciones dramáticas que cuestionaban su fe.

–  La multitud de hombres y mujeres que han consagrado su vida a Dios siguiendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, dispuestos a darlo todo sin nada a cambio, con frecuencia a contracorriente de “la moda”.

–  La vitalidad de las comunidades cristianas que han vivido y viven su fe en Cristo acogiendo siempre a los más pobres de entre los pobres en cualquier parte del mundo, proclamando su confianza en la Resurrección de Jesús y de los que mueren, encarnándola en la cultura de cada momento por medio del pensamiento, del arte, de la música… y sobretodo en la lucha por la dignidad de las personas y por la justicia.

Estos hechos —y muchos otros que conocemos y tenemos ante los ojos— “demuestran” que Jesús ha resucitado.  Pero es necesario saber admirar y contemplar. ¿Lo creéis?  Es necesario “ver para creer”, pero sobretodo “creer para ver y descubrir las semillas de resurrección”.

¡Feliz Pascua de Resurrección! 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 430 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.