¡El invierno ha pasado y hemos llegado al puerto!

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez        El sentimiento que debe albergar nuestro corazón, al llegar la Semana Santa, es que el Señor Dios se nos va a manifestar de nuevo a nosotros, que estábamos en las tinieblas y sombras de muerte, como resurrección de los que duermen, liberación de los cautivos, consuelo de los afligidos. Ya el domingo de Ramos es un día de fiesta que celebra la Iglesia bajo la sombra de Cristo, como verde olivo en la casa de Dios. Sí, hermanos, porque Cristo está en medio de la Iglesia, Él, que es raíz de Jesé que no juzga al mundo, sino que le sirve.

Cristo está en medio de la Iglesia, fuente eterna de donde brotan los ríos del paraíso. En este domingo, nosotros que somos brotes fecundos de olivo llevando en la mano ramos de olivo suplicamos a Cristo misericordioso. Floreciendo en primavera en los atrios de la casa de nuestro Dios, celebremos un día de fiesta, porque el invierno del mundo ha pasado, y viene el día, tu Día en el que todo vuelve a florecer. Por eso, el domingo de Ramos es fiesta admirable por ser pórtico, por su novedad siempre fresca; día sorprendente y asombroso: los niños aclaman a Cristo como Dios y otros le maldicen, le desprecian y le calumnian. Los niños dicen: ¡Hosanna! Y pocos días después sus enemigos gritarán a Pilato: ¡Crucifícalo!” Éstos se echan sobre Él con espadas; ésos cortan ramos; éstos preparan una cruz.

Tú y yo, ¿dónde estamos y con quién estamos? ¿Cómo empezaremos la Semana Santa? ¿Indiferentes, dejándose llevar con la inercia de tantos años? Si eres joven católico, ¿qué harás? ¿Irás de vacaciones? ¿”Balconearás”? Este Cristo llega a todas las culturas, a todas las partes del mundo, adondequiera, pero sobre todo a las chozas miserables y a los campos pobres y a las catedrales. La manera de dominar Jesús, que entra en la ciudad de Jerusalén montado en un asno que no le pertenece, sino que pide prestado para esta ocasión, es convirtiéndose Él mismo en nuestro pan y entregándose a nosotros. Pero Cristo viene “en el nombre del Señor” y trae la presencia de Dios Padre. Es, pues, esperanza.

Ese grito de esperanza, esta aclamación a Jesús durante su entrada en Jerusalén, ha llegado a ser en la Iglesia la aclamación a Aquel que, en la Eucaristía, viene a nuestro encuentro de un modo nuevo. Con el grito “Hosanna” saludamos a Aquel que, en carne y sangre, trajo la gloria de Dios a la tierra. Saludamos a Aquel que vino y, sin embargo, sigue siendo siempre Aquel que debe venir, para que la tristeza no llene nuestro corazón. Saludamos a Aquel que en la Eucaristía viene siempre de nuevo a nosotros en nombre del Señor, uniendo así en la paz de Dios los confines de la tierra.

Para muchos, sobre todo entre los jóvenes, la Cruz de Cristo habla de sacrificio y es signo de negación de la vida. Eso se dice incluso aunque muchos jóvenes participen en los desfiles procesionales. Y dicen también: queremos la vida entera, sin restricciones y sin renuncias; queremos vivir, sólo vivir, sin dejarnos limitar por mandamientos y prohibiciones; queremos riqueza y plenitud; así se decía y se sigue diciendo todavía. Es el lenguaje de la serpiente: “¡No tengáis miedo! ¡Comed tranquilamente de todos los árboles del jardín!”.
Sin embargo, el Domingo de Ramos nos muestra que el auténtico gran “sí” es precisamente la Cruz; que precisamente la Cruz es el verdadero árbol de la vida. No hallamos la vida apropiándonos de ella, sino donándola. El amor es entregarse a sí mismo, y por eso es el camino de la verdadera vida, simbolizada por la Cruz. He ahí el reto de esta nueva Semana Santa. Pido luz para todos y la gracia de la renovación pascual. Rezad por los catecúmenos: son nuestra alegría.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.