El día en que actuó el Señor

IcetaMons. Mario Iceta     Queridos hermanos y hermanas.

1. El mes de abril ha comenzado con la celebración de la Semana Santa. El Triduo Pascual, que hemos celebrado desde la tarde del Jueves santo hasta el domingo de Resurrección, constituye el fundamento de nuestra fe: es la “Pascua”, el “paso del Señor”. Este paso ya fue anunciado proféticamente en la Escritura. La Pascua judía es imagen y figura de esta Pascua definitiva que el Señor realiza en sí mismo. Él, en cuanto hombre, ha asumido nuestra humanidad, con sus luces y sus sombras y ha realizado en nosotros el paso definitivo hacia una humanidad nueva. Desde la humanidad envejecida y caduca se nos ofrece la posibilidad de acceder a esta humanidad renovada por el Espíritu, resucitada en la carne de Cristo, transida por la gracia, recreada en la entrega amorosa y hasta el extremo de Jesús, reconciliada con el Padre, con nosotros y con la entera creación.

2. Por eso, la liturgia de la Iglesia emplea con frecuencia durante el tiempo pascual el salmo 117, salmo que expresa la victoria del Señor, el triunfo de la vida sobre la muerte, un salmo de gozo y esperanza: “Este es el día en que actuó el Señor”. Sí, la Pascua es el día, el tiempo del Señor, en el que no actuamos nosotros –somos tan débiles y limitados- sino que es Él quien actúa y nos comunica su vida y su acción. Así mismo, el término día es empleado en la tradición de la Iglesia como un tiempo nuevo y definitivo. El mismo tiempo pascual que acabamos de comenzar es concebido como un único día que no conoce ocaso, un día perenne, abierto a la eternidad. Este es el día en el que actúa el Señor, todo tiempo es transido por la acción de Dios, sostenido por su amor providencial. También el profeta Isaías (Is 2, 5) nos invita a dejar las tinieblas y caminar en la luz. Y esta luz es Cristo, luz del día, para que caminemos en Él (cfr. 1 Jn 1, 5). Ya no necesitamos lámpara porque es Cristo mismo quien irradia su luz (Ap 21, 23). Dejemos que el Señor actúe en nosotros, que haga luz de mediodía nuestra oscuridad, que muriendo al hombre viejo podamos caminar según el hombre nuevo, a la imagen y medida de Cristo. Esta es la invitación de la Pascua.

3. La acción del Señor se prolonga en un modo nuevo de concebir las relaciones humanas, haciendo presente su Reino. Superando odios y divisiones, la Pascua nos posibilita vivir en la fraternidad que Cristo nos ofrece: somos discípulos, hermanos, testigos y misioneros. El libro de los Hechos de los Apóstoles, atribuido a San Lucas, nos acompañará durante el tiempo de Pascua. En él se nos relata los primeros compases de la vida de la Iglesia. Hay un párrafo muy conocido que describe los rasgos esenciales de la comunidad de creyentes seguidores del Señor: “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno” (Hech 2, 42-45). Este texto bien puede servir para contrastar si nuestras comunidades y cada uno de nosotros vivimos según este primer testimonio de los cristianos, según esta nueva existencia en el Espíritu.

4. Durante este mes de abril celebraremos el gesto diocesano de solidaridad. Precisamente el lema ha sido tomado de este fragmento de libro de los Hechos de los Apóstoles: “Tenían todo en común». En esta jornada queremos subrayar el destino universal de los bienes y la actitud fundamental del cristiano de compartir y compartirnos. En estos tiempos de dificultad económica, las acciones concretas de distribuir los bienes para que a nadie falte lo necesario, es particularmente imperiosa. A este fin no sólo de dirige la promoción de una responsabilidad fiscal justa, equitativa y distributiva por parte de las administraciones públicas, sino tantas iniciativas de carácter social, civil, eclesial y comunitario que nacen en el seno de la sociedad. La comunión eucarística, el Cuerpo del Señor repartido entre nosotros que nos hace uno en Él, debe reflejarse en nuestra vida. Esta comunión eucarística debe sostener el compartir nuestra vida y aquellas dimensiones y elementos que construyen una fraternidad verdadera, de modo particular con los más necesitados no sólo en las cuestiones materiales y de primera necesidad, sino también en los necesitados de amor, de afecto, de cuidado, de fe, de amor de Dios, de esperanza. No sólo es compartir, sino, según la lógica eucarística, estamos llamados a compartirnos. Con afecto, os deseo un santo y feliz tiempo de Pascua en la vida nueva que el Señor nos ha ganado.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 80 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.