Semana Santa

martinez_sistachMons. Lluís Martínez Sistach    En la Semana Santa que iniciamos hoy nos adentramos en el misterio central de la fe cristiana. Este misterio consiste en que Jesucristo, entregado a la muerte para nuestra redención, resucita al tercer día.

«Jesucristo no jugó con su muerte, como tampoco lo hizo con su vida», decía el cardenal Bergoglio -hoy papa Francisco- en unos ejercicios espirituales que dio siendo arzobispo de Buenos Aires. Los textos han sido recogidos en el libro Mente abierta, corazón creyente (Ediciones Claretianas).

Con mente abierta y con corazón creyente -ambas cosas- somos invitados a entrar en la celebración de la Semana Santa, contemplando el final del camino terrenal del Señor y lo que nos dice san Pablo en los textos de la liturgia de hoy: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo […], y se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz «.

Jesús mantiene su libertad y hace donación de su vida en libertad, fiel al designio del Padre. Su libertad es tal que acepta tanto el designio del Padre -ser entregado- como las circunstancias y personas concretas que lo llevarán a la cruz y a la muerte. Resplandece así la dignidad de Cristo, que nos lleva a exclamar con el libro del Apocalipsis: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, el saber, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza». San Pablo añadirá: «Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre».

En el fundamento de toda dignidad -decía el cardenal Bergoglio a sus ejercitantes- encontramos siempre libertad y abandono. Jesucristo asume libremente en la noche oscura de Getsemaní su anonadamiento, que llega hasta la muerte en cruz. Jesús no pudo tener la satisfacción final de morir dando testimonio del verdadero significado de su existencia ante su pueblo. Lo pudo hacer a los suyos, al grupo reducido y asustado de sus seguidores.

El seguimiento de Jesús en su camino de despojamiento y de cruz lleva al discípulo a avanzar en este mismo camino por amor a su Señor. Muchos santos nos recuerdan que sin participar de la aniquilación de Cristo no estamos en el buen camino sino en el camino de lo que el Papa llama la «mundanidad espiritual» o la «tentación empresarial» de la evangelización. Esto me hace recordar a la filósofa Edith Stein, que sería la gran carmelita descalza santa Benedicta de la Cruz, conducida a la fe por la lectura de la vida de santa Teresa de Jesús. Ella fue una de las más profundas estudiosos del pensamiento de san Juan de la Cruz y glosó admirablemente, en su pensamiento y en su vida como judía inmolada en Auschwitz, esa sentencia cristiana que dice «Salve, o crux, spes unica»: «Salve, oh cruz, nuestra única esperanza».

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.