FIGURAS DE LA PASIÓN DE JESÚS

gil-hellinMons. Francisco Gil Hellín       Hoy comienza la Semana Santa. Con ella, damos paso a la celebración de los misterios primordiales de nuestra religión: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección de Jesucristo.

Impresiona el número, la cualidad y las respuestas de las figuras que aparecen en la Pasión del Señor. Hasta un profano advierte con facilidad que estamos ante un gran drama, en el que se dan cita las grandes pasiones de los hombres. Hay figuras repelentes, como el soberbio Caifás, el lujurioso Herodes y el cobarde político Pilato. Otras inspiran compasión, como Pedro, el negador, y los miedosos discípulos. Alguna da pena, como el miserable Judas o la turba manipulada por los agitadores de turno. Las hay que producen envidia, como Simón Cireneo que, aunque a la fuerza, ayudó a Jesús a llevar la Cruz, y el Buen Ladrón, que tuvo la sagacidad de robar el Cielo con un acto de arrepentimiento sincero.

No faltan las que son ejemplares, como Nicodemo y José de Arimatea, que dieron la cara cuando todos se escondían y avergonzaban de ser discípulos de Jesús; las piadosas mujeres que lloraban contemplando impotentes su pasión y muerte; y, sobre todo, su Madre, María, que estaba allí con su Hijo, conmuriendo, espiritual y místicamente, con él.

Hay una figura que cada día se agiganta más: la del centurión, el primer gran creyente procedente del paganismo. Él estaba al pie de la Cruz para asegurar el orden y el exacto cumplimiento de la sentencia. Sin embargo, en su hombría de bien iba calando el profundo misterio que contemplaban sus ojos. Al fin, cuando Cristo ya había muerto, hizo ante él esta gran confesión de fe: “Realmente este hombre era Hijo de Dios”.

Sin embargo, la Pasión tiene dos figuras señeras. La primera es fácil de notar: Jesús. La segunda puede pasar más inadvertida: Dios Padre. Efectivamente, quien ha llevado a Cristo a la Cruz no fue la venta traidora de Judas ni la soberbia altanera de Caifás ni la injusta y cobarde sentencia de Pilato. Detrás de todo el drama está el Padre. Mejor, el amor infinito de Dios Padre, que “tanto amó al mundo, que le entregó a su Hijo único”. Y el amor, no menos infinito del Hijo, que aceptó con amorosa obediencia el designio salvador del Padre y se dejó apresar, ajusticiar y matar. El gran protagonista es, por tanto, el amor de Dios al hombre.

El gran doctor de la Cruz, el apóstol san Pablo, lo captó en toda su hondura y nos dejó esta síntesis lapidaria: “Me amó y se entregó a la muerte por mí”. Aquí está todo. Este es el núcleo.

Nuestros grandes imagineros han entendido este mensaje con tanta precisión, que genios como Berruguete o Gregorio Fernández, antes de ponerse a plasmar en la madera un paso de la Pasión, hacían por su cuenta una especie de ejercicios espirituales para conectar interiormente con el misterio. Así se explica que cuando ahora miramos sus esculturas, si dejamos que nos interpelen, nuestros sentimientos más profundos quedan removidos.

Estos días vamos a tener la posibilidad de celebrar en nuestras iglesias los misterios de nuestra redención: Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Las celebraciones litúrgicas son el ámbito privilegiado en el que esto se conmemora y reactualiza. Pero también los actos de piedad popular, como las Procesiones y Vía crucis, rememoran de alguna manera el misterio y nos ayudan a comprenderlo mejor. Por eso, además de participar en las acciones litúrgicas de estos días, no dejemos de hacernos presentes en alguna de nuestras grandes procesiones. Os invito de modo especial a participar en el Descendimiento de Cristo de la Cruz el Viernes Santo a las 13:00 horas en la plaza de Santa María. ¡Santa y provechosa Semana Santa!

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.