Contemporáneos de Jesús

agusti_cortesMons. Agustí Cortés      A la puerta de la gran celebración del Misterio Pascual uno ha de intensificar lo que ya a lo largo del camino cuaresmal ha venido practicando. Ha de hacer un esfuerzo por recuperar la interioridad (no porque esté ahora de moda), una concentración de la mirada en lo esencial de la vida (para no verse distraído y alienado en lo superfluo), una aproximación cordial y afectiva a la persona de Jesucristo (evitando elucubraciones y discusiones). El itinerario de la Cuaresma no ha tenido más objetivo que el de llegar más predispuestos a vivir este momento.

Aprovechemos todos los recursos que tenemos a nuestro alcance. Nos ayuda la religiosidad popular, con sus imágenes, procesiones, desfiles, tradiciones: logra crear un ambiente y estimular nuestra sensibilidad. Nos ayuda, principalmente, la liturgia misma, cargada de rica simbología y bellas plegarias. Pero ¿sería mucho pedir, que todo nos permitiera encontrarnos cara a cara y junto a la persona viva de Jesucristo?

Ya pudimos recordar en estas páginas el conocido camino de oración que Sta. Teresa de Ávila eligió para acceder a Jesucristo: verle siempre cercano, como nos narran los Evangelios, según su humanidad. Hoy nos ayuda saber que esta cercanía de Jesús era apreciada particularmente por la santa cuando le contemplaba sufriendo como nosotros:

“Tenía este modo de oración: que como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí, y me encontraba mejor – a mi parecer – en los lugares donde le veía más solo; me parecía que estando solo y afligido, como persona necesitada, me había de admitir a mí… Muchos años las más noches antes que me durmiese, cuando para dormir me encomendaba a Dios, siempre pensaba un poco en este paso de la oración del huerto, aun desde que no era monja, porque me dijeron se ganaban muchos perdones”

(Vida 9,4)

El secreto está, no tanto en proyectar sobre Jesús nuestra experiencia, sino traer la suya a nuestro momento presente y dejarnos afectar por ella. Es decir, verificar que lo que Él vivió – “sus flaquezas y trabajos” – es realmente nuestro y de toda la humanidad. Y así llegar a compartir por amistad su dolor. Según leemos en “Cuentas de Conciencia”, el Domingo de Ramos de 1571 Sta. Teresa se ve embargada por la visión de la sangre de Cristo, el sufrimiento que significó la Pasión. Pero lo que llega a captar es el significado de este sufrimiento: “Es por nosotros, no nos faltará la misericordia. Lo que en Cristo es sufrimiento se traduce en gozo para nosotros”. A los pocos días experimenta intensamente el sufrimiento de la Pasión de Jesús, para pasar a continuación a verse participando de la alegría pascual.

Nosotros sabemos que el protagonista de estos días es Jesucristo. No puede ser de otra manera. Pero en Él nos sentimos contemporáneos de todo el sufrimiento de la humanidad. Las escenas de la Pasión despiertan nuestros resortes más sensibles, para acceder a Jesús mismo, en quien reconocemos tantos rostros contemporáneos que lloran su propio calvario: niños víctimas de rupturas familiares, de abusos o de explotación; familias que sobreviven en precario; cristianos perseguidos y masacrados, gente abandonada y herida en su dignidad, pueblos y gentes sistemáticamente víctimas de la violencia… y un interminable etcétera…

Si el Espíritu nos permite llegar al fondo de esta experiencia, sin duda nos conducirá a ser igualmente contemporáneos del Cristo Resucitado. Naturalmente Cristo seguirá sufriendo en la humanidad, pero con Él podremos atravesar el dolor sin perder la alegría.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.