Semana Santa

jesus_murguiMons. Jesús Murgui      Nos adentramos en los días en los que la Iglesia nos ofrece revivir los momentos culminantes de la vida del Señor; días en los que, de nuevo, podemos encontrar perdón, sentido y esperanza para nuestras vidas.

En esta semana, de forma destacada, la pasión del Señor nos pone en silencio. Un silencio más hondo que nuestras voces; que tantas voces que, casi a diario, nos invaden e impiden que nos escuchemos a nosotros mismos, y que le escuchemos a Él. Ante su Pasión, ante su cruz, desde ese silencio, surge la pregunta que no nos es posible evitar: ¿por qué?

La respuesta nos la da el mismo Jesús, diciendo “Esta es mi sangre derramada por todos, para el perdón de los pecados” (Mt 26, 28). Su sangre, nuestros pecados. La salvación, vivir como hijos de Dios, la santidad, no es el resultado de mil esfuerzos, es un don de su misericordia para quien se abre para acogerla, para quien se arrepiente de corazón, consciente de ser pecador.

Es una gracia que el Señor nos haga ver nuestro pecado para llevarnos al arrepentimiento. Él nos da la posibilidad de arrepentirnos, de acercarnos al sacramento del perdón, de volver a Él, a la gracia bautismal, de iniciar una vida nueva: así es su misericordia. No nos quedemos en la superficie de la Semana Santa. Participemos vivamente en la liturgia de la Iglesia, de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, sacramento pascual de su amor.

Recemos, callemos ante Él, escuchemos su voz. Contemplemos al Hijo del hombre, al Señor de la gloria, humillado por nosotros, injuriado, hecho un maldito. Miremos al Hijo de Dios, que no baja de la cruz para salvarse a sí mismo, sino que se queda crucificado para salvarnos a nosotros. Fiel a la voluntad, al designio de amor del Padre; fiel al amor hacia nuestra pobre y desorientada humanidad.

Que se conmueva la tierra por nuestra mezquina rutina y habitual indiferencia: ciegos, sordos, insensibles ante Él. Especialmente en estos días se nos ofrece la gracia de mirarle fijamente, y poder oír qué me dice, qué nos dice desde su Pasión, desde su cruz.

Ante Él, ante su increíble inmolación, doblemos las rodillas, y, en silencio, humildemente, dejemos nuestro pecado a los pies de su cruz gloriosa, de su cruz de amor.

Ojalá entremos en la Semana Santa, oigamos su voz, acojamos su perdón, la puerta  por la que entramos a la vida nueva, a la redención por la que Él ha derramado su sangre.

Vivamos una Semana Santa en la que, acogiendo su perdón, seamos conducidos a renacer en la luz de su Pascua. Dios nos despierte para hacer este camino.

Bendita la Semana Santa que lleva a vivir y a gozar su Pascua.

Recibid todo mi afecto y mi bendición,

+ Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

 

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.