LA ENCARNACIÓN DEL SEÑOR (Jornada provida )

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella      La Iglesia, en esta fiesta de hoy, nos invita a contemplar el gran e insondable misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

Dios se ha hecho uno de nosotros. ¡Qué misterio tan extraordinario! Se encarna en el seno de una mujer, María de Nazaret; nace en Belén, en suma pobreza; y vive treinta años en un pequeño pueblo de Galilea. Y ¿por qué hace todo eso? Sencillamente por amor, porque nos ama, porque te ama a ti y a mi, porque ama a todos y a cada uno de los seres humanos de todos los tiempos, de toda condición social, religiosa o cultural. Ama al sano y al enfermo, al pobre y al rico, al pequeño y al grande.

Damos gracias por este gran amor de Dios, amor personal y sin medida. ¡Pidámosle que nos enseñe a amar como Él nos ama!
Necesitamos llenar nuestros corazones del amor de Dios para amar a las personas, a todas las personas, con el mismo amor con el que Dios nos ama.

Y, desgraciadamente, vemos cómo se desprecia a algunos seres humanos, a hermanos nuestros frágiles y sin capacidad de defenderse y se les elimina sin más, por decisión propia o al amparo de algunas leyes que consideramos a todas luces injustas e inhumanas. Me refiero, como bien comprendéis, a la eutanasia y a los abortos.

¿Cómo calificar a un mundo que niega la acogida y protección de los más débiles? ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo si minusvaloramos o rechazamos al que es más vulnerable y está más necesitado? En cada vida hay mucha más vida de la que podemos imaginar. Las familias que han sabido acoger a un hijo con discapacidad son testigos de ello. Afirman que sus hijos “especiales” son fuente de felicidad en sus casas, verdadero testimonio de amor y esperanza, y que ayudan a crecer en humanidad a todos los miembros de la familia.
Todos estamos llamados a implicarnos en la defensa de la vida, especialmente de los más débiles y vulnerables. Estamos llamados a construir una verdadera comunidad humana en la que todos nos percibamos como un don de Dios llamados a cuidarnos los unos de los otros, a socorrer nuestra indigencia.

Debemos trabajar con audacia, constancia y tenacidad para que las leyes e instituciones civiles defiendan y promuevan el derecho a la vida desde su concepción hasta su muerte natural, reformando o derogando aquellas legislaciones injustas ya existentes y , por desgracia, en vigor. No podemos resignarnos a que las cosas sigan como están y se eliminen vidas humanas como si fuesen estorbos y cosas sin valía, desechos quirúrgicos, los llaman. La persona humana tiene una valía inmensa, no importa la edad que tenga o los trabajos que realice. Simplemente por existir tiene un valor inmenso, ya que es imagen de Dios. Los cristianos decimos que vale la sangre de Cristo.

Pidamos al Señor que nos dé a todos la humildad y valentía suficientes para seguir sembrando en nuestra sociedad la semilla del valor de cada ser humano. Que ni la mentalidad consumista, secularista, hedonista o materialista y atea, nunca consiga separarnos de esta verdad que nos mueven a todos los que estamos aquí celebrando esta Jornada por la vida. Decía Séneca: “que el hombre es algo sagrado para el hombre”. Dios lo dice de forma más entrañable a través del Profeta Isaías: “dado que eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4).

Que santa María, la Virgen de la Esperanza, nos mantenga firmes en la fe y nos haga testigos de la vida en medio de nuestro mundo, a pesar de todas las dificultades y problemas que nos acechan. Y no olvidemos que, a pesar de todo, la Vida triunfará sobre la muerte.

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 356 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.