Domingo de Ramos

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar     Queridos diocesanos:

Con la procesión de los ramos y la aclamación de Jesús como Rey («bendito el que viene en el nombre del Señor») comenzamos solemnemente la semana grande de los cristianos, nuestra Semana Santa. En ella conmemoraremos todos los acontecimientos que Cristo vivió y todo lo que sufrió por nosotros para redimirnos del pecado.

La liturgia de este día resume el verdadero sentido de la semana que comenzamos: proclamamos hoy a Cristo como Rey, como el que viene en el nombre del Señor; por eso, aquellos niños hebreos lo aclamaban con palmas y ramas de olivo diciendo: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (Jn 12, 13) Éste es el significado de esta celebración hasta la lectura del Evangelio en el que se nos narrará la Pasión del Señor. A partir de ese momento estamos proclamando el tipo de reinado de Cristo: un reinado basado en el servicio, el amor y la entrega sin límites en la cruz. Cristo redime al ser humano haciéndose uno de nosotros, no haciendo alarde de su categoría de Dios, despojándose de su rango y tomando la condición de esclavo; y de tal manera se va a rebajar que se somete incluso a la muerte y una muerte de cruz (cfr. Flp 2, 6-9).

Cristo, aclamado como rey de Israel en Jerusalén por una multitud que lo acogió, es hoy aclamado como nuestro Rey: un Rey que reina desde la cruz porque, desde ella, desde su entrega a la muerte en el madero ignominioso, va a redimir al mundo de todos los pecados. Ahora bien: que Cristo reine en el corazón de todos los redimidos, y lo haga precisamente muriendo en la cruz, pide hoy de nosotros vivir desde una doble actitud:

Por una parte, Cristo quiere que lo recibamos y queramos libremente que Él sea nuestro Rey; que lo aceptemos en nuestra vida personalmente y nunca lo marginemos sino que le dejemos ocupar el trono de nuestro corazón. Por otra parte, que Cristo sea nuestro Rey quiere decir que aceptamos y queremos vivir tratando de encarnar en nuestra existencialas características de su reinado: el amor a fondo perdido por los demás, el servicio a los que nos necesiten, la entrega de nuestra vida, etc. Esto nos hará testimonio para otros de tal modo que, viendo nuestras buenas obras, se animen a seguir a Cristo.

Hermanos y hermanas: la contemplación en estos días de Semana Santa de la persona de Jesús (que siendo el Hijo de Dios es capaz de entregarse por nosotros para salvarnos, muriendo condenado como los peores malhechores) debe suscitar en nosotros tres sentimientos: por un lado, una actitud permanente de adoración porque no es un cualquiera el que muere por nosotros sino Cristo, el mismo Hijo de Dios, para cumplir la voluntad del Padre y por amor a nosotros. Cuando vayamos a celebrar la liturgia del Triduo Santo, lo mismo que cuando le acompañemos en las procesiones, hemos de llevar en el corazón una actitud de adoración para decirle: «Te adoro, mi Dios y mi Rey, mi Señor y Redentor».

Por otro lado, debemos vivir esta Semana Santa con gratitud hacia el Señor. Gratitud porque, siendo nosotros pecadores, ha sido capaz de morir por nosotros haciendo realidad que «nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13).

Finalmente, la tercera actitud importante con la que vivir estos días es el amor porque«amor con amor se paga». Acojámonos a su amor misericordioso y acerquémonos a Él para que nos perdone y dejémosle que nos ame pues siempre nos espera con el Corazón y los brazos abiertos. ¡Feliz Semana Santa para todos!

Vuestro Obispo,

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.