Sacerdotes Santos y Sabios

braulioarztoledoMons. Braulio Rodríguez      La fe cristiana es conocer a Jesucristo, encontrarse con Él y dejar que te robe el corazón, porque intuimos que su amor nos rodea y nos saca de la superficialidad y del vacío que se da en nosotros cuando no logramos salir de nuestros intereses. Da igual cuál sea nuestra vocación en la Iglesia: siempre necesitaremos sentirnos amados por el Señor y decirle: “Qué mandáis hacer de mí?”. Esta es la frase famosa de santa Teresa de Jesús, tan adecuada también para hablar un poco de la vocación al sacerdocio ministerial, del Seminario diocesano y de los seminaristas.

En todos nosotros el Señor ha dejado capacidad suficiente para ser buenos cristianos: somos aptos para ser, con la gracia de Dios, discípulos de Cristo y podemos llevar una vida según el Evangelio, según el Espíritu, como gusta decir san Pablo. Igualmente cualquier adolescente o joven tiene capacidad para aceptar la llamada de Jesús para ser sacerdote. La capacidad nos la da Él. Cosa diferente son las actitudes que nosotros podamos tener en nuestro interior para seguir la voz del Señor; también están, por supuesto, otras dificultades de carácter, del entorno familiar, de la historia personal. Y con frecuencia aparece en muchos chicos un deseo de ser sacerdote, pero ese deseo es rechazado por ellos o por sus padres; también por su entorno.

Decía san Teresa: “Pasaba una vida trabajosísima, porque en la oración entendía más mis faltas. Por una parte me llamaba Dios; por otra, yo seguía al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo. Parecía que quería concertar estos dos contrarios –tan enemigo uno del otro- como es vidas espiritual, y contentos y gustos y pasatiempos sensuales…” (Libro de la Vida, 7,17). Lo que dice la Santa es la vida misma. Quienes quieren seguir al Señor en el sacerdocio necesita determinarse a ello; pero también necesita de muchos cuidados, ánimos y acompañamiento. Todos son pocos. Por eso aparecieron en un momento concreto de la historia de la Iglesia los Seminarios. Quienes hemos vivido ese largo periodo de formación en un Seminario hasta ser ordenado sacerdote sabemos de la importancia de esta institución eclesial y de su necesidad.

Puede haber fallos en la formación de los futuros sacerdotes, pues es una formación compleja necesitada de todas las fuerzas y energías del Rector y los demás formadores y padres espirituales para que haya en una Diócesis buenos sacerdotes. Pero, sinceramente, creo que en muchos católicos y en muchas parroquias no se hace mucho por el Seminario; claro está: se quiere que los sacerdotes propios sean buenos, alegres, santos, acogedores, capaces de entregarse. Es bueno este deseo. Pero de veras, ¿se preocupa todo el Pueblo de Dios de sus curas y seminaristas? No quiero hacer un juicio universal. Pero hay que hacer mucho más, y prestar mucha más ayuda a cuantos ofrecen su vida por sus hermanos. Claro que seminaristas y sacerdotes tienen más responsabilidad, pues han recibido más. Pero, ¿cuánto os cuesta el Seminario en oración, sacrificios, apoyo explícito? ¿Cuánto os cuesta en ayuda económica?

En este campo, sigue habiendo confusión, ambigüedad, despreocupación, por ejemplo, en organizar la jornada del Día del Seminario, en hacer bien la colecta económica. Yo os pido que ayudéis a nuestro Seminario Mayor y Menor. Son más de 80 los mayores y más de 65 los pequeños. Cada uno es una bendición de Dios, con una historia propia. Están ahí y necesitan sentirse parte de la Diócesis, de la parroquia y sus comunidades, parte de esa gran familia de la Iglesia diocesana.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.