El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Jose_Maria_Yanguas_CuencaMons. José María Yanguas      Queridos diocesanos:

Acabamos de celebrar la solemnidad de San José, esposo castísimo de María, padre de Jesús según la ley de los hombres, protector de la Iglesia, patrono de las vocaciones sacerdotales, maestro de vida interior, varón fiel y prudente a quien Dios nuestro Señor puso al frente de la casa de Nazaret. Basta la enumeración que acabamos de hacer para que resulte palmaria la importancia del santo patriarca José en la historia de la salvación, en el seno de la Sagrada Familia y en la vida de la Iglesia. Se entiende, pues, la devoción del pueblo cristiano a San José.

De la rica personalidad del esposo de María, me gustaría poder de relieve, muy brevemente, una de sus características más evidentes. Su fidelidad a los planes de Dios, a la misión que el Señor le confió. Una fidelidad que no se pone nunca en discusión, que pasa por encima de las dificultades y lo hace, además, sin concederles excesiva importancia; fidelidad que no distingue entre lo grande o lo pequeño; que se deja por entero en las manos de Dios; que no para mientes en si la obediencia es fácil o difícil. Escucha la voz de Dios, toma conocimiento de su voluntad y la cumple sin vacilar. Me gusta pensar en San José como el “hombre de confianza” de Dios nuestro Señor durante los años de la infancia de su hijo Jesús; alguien de quien se podía fiar por entero, seguro de que llevaría a término cualquier misión por difícil que fuera, sin pedir demasiadas explicaciones ni exigir garantías innecesarias. Un hombre fiel. Siempre. En todo.

La solemnidad de San José nos habla de las vocaciones sacerdotales. La Iglesia celebra el día del Seminario, lugar y ambiente, al mismo tiempo, en el que se va forjando el alma sacerdotal de aquellos a quienes el Señor llama a continuar su ministerio en la Iglesia y en el mundo. Alma sacerdotal que va adquiriendo forma en la oración que introduce en la intimidad con Jesús, que abre a los secretos y riquezas de su corazón y que podrá así desvelar a los demás; alma sacerdotal que se perfecciona en el estudio sereno, intenso, concienzudo, de quien sabe que está llamado a ser un día maestro del pueblo cristiano; alma sacerdotal que va perdiendo aristas y se pule en el trato con los demás, distintos y variados, como lo es el mismo Pueblo de Dios; alma sacerdotal que se forja, en fin, dando los primeros pasos en la tarea propia del que está llamado a evangelizar y a llevar la buena nueva  a todos los hombres.

El Señor Jesús quiso el ministerio ordenado, los sacerdotes, como parte constituyente, fundamental de su Iglesia. Llamó a este ministerio, a este servicio, a los que quiso, sin ser condicionado por cualidades de mente o de corazón, por títulos de nobleza o prestigio humano, por virtudes morales o don de gentes. Eligió sencillamente a los que quiso. Y lo mismo sigue haciendo hoy. Llama para estar con Él y para enviar a predicar. Llama a una misión de servicio, de entrega, de amor; una misión alegre, vibrante, comprometida, total, exclusiva, apasionante: ser buen Pastor para los hombres. Guiar, acompañar, alimentar, defender.

A los jóvenes os digo: si oís la llamada de Dios, no hagáis oídos sordos. Acogedla en seguida como un tesoro; seguidla, seguros de ser destinatarios de una predilección divina, de una caricia de Dios. Jesús cuenta con vosotros para comunicar su dicha, para iluminar la obscuridad de muchos, para encender sus corazones, para abrirles nuevos horizontes, para dar paz, para descubrir el sentido y el fin de la vida. ¡Sed valientes! ¡Dadle un sí sin reservas!

A los padres, hermanos y abuelos: acoged la vocación de uno de los vuestros como una  gracia de Dios muy grande, con gratitud y orgullo. ¡Pedidla!

A todos os pido vuestra oración por las vocaciones, por los seminaristas que han dicho sí a Dios Nuestro Señor y se esfuerzan por seguirle de cerca. Pedid al Señor de la mies que siga enviando obreros a su campo.

Solicito, también, vuestra ayuda material, vuestra colaboración económica, generosa y, si fuera el caso, sacrificada, siempre tan agradable a Dios nuestro Señor. Él no se dejará vencer en generosidad y os devolverá una medida generosa, colmada, remecida, rebosante” (Lc 6, 38).

+José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
Acerca de Mons. José María Yanguas 132 Articles
Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).