DÍA DEL SEMINARIO

Mons. Juan José AsenjoMons. Juan José Asenjo          Queridos hermanos y hermanas: El próximo domingo, 22 de marzo, celebraremos el Día del Seminario, una jornada de mucha raigambre en nuestra Archidiócesis. Su finalidad es sensibilizar a nuestras comunidades acerca de la importancia de las vocaciones sacerdotales en la Iglesia, de manera que todos nos comprometamos en su promoción con nuestra oración, acompañamiento y colaboración económica.

La vocación sacerdotal es fruto de la iniciativa divina. Dios es quien llama. En sus cartas, san Pablo, ejemplo paradigmático de la vocación apostólica, se describe a sí mismo como “el menor de los apóstoles”, de manera que no se considera digno de ser llamado apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Sin embargo, a renglón seguido afirma: “Por gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí”. Con estas palabras, el Apóstol ilumina la experiencia de toda vocación sacerdotal, que es un don de Dios, que transforma la vida del que es llamado, para ponerla al servicio de la obra redentora de Cristo.

Por sus cartas, sabemos que Pablo se sentía poco dotado para la elocuencia y que compartía con Moisés y Jeremías la falta de dotes oratorias. “Su presencia física es pobre y su palabra despreciable”, decían de él sus adversarios. Los extraordinarios frutos apostólicos que cosechó no se deben a la brillantez de sus discursos o a refinadas estrategias misioneras. Se deben a su entrega total a Cristo, que no temía peligros, dificultades ni persecuciones.

Todo comenzó en el camino de Damasco. Allí reconoce  “haber visto al Señor”. Allí tuvo lugar su encuentro decisivo con Él. Es ésta la experiencia fundante de su vocación. Pablo reconoce que ha sido llamado, casi seleccionado por Dios, con vistas al alegre anuncio del Evangelio. Es el Señor quien le ha llamado para hacerle apóstol, no la propia presunción.

Pablo tiene conciencia además de ser apóstol, enviado por Jesucristo, embajador y portador de un mensaje. Por ello, se define a sí mismo como “apóstol de Jesucristo” (1 Co 1,1; 2 Co 1,1), delegado suyo y totalmente a su servicio, poniendo absolutamente en segundo plano cualquier interés personal. Su destino es el “anuncio del Evangelio” y la edificación de comunidades vivas.

La vocación, no constituye, pues, un honor. Compromete dramáticamente la existencia de la persona que es llamada a ser instrumento dócil al servicio de Jesucristo. Por esta razón, el enviado deberá correr la misma suerte que el mensaje que anuncia, recibido, hoy como en tiempos de Pablo, con rechazo e incomprensión, como “escándalo y necedad”. Sin embargo, a pesar de que pueda llegar a sentirse “como la basura del mundo y el deshecho de todos”, y a pesar de todos sus sufrimientos y contrariedades, el enviado, el apóstol, tendrá siempre la alegría de saberse portador de la bendición de Dios y de la gracia del Evangelio.

La vocación y misión apostólica de san Pablo nos ofrece preciosas indicaciones para el Día del Seminario. Necesitamos sacerdotes que respondan a la llamada de Dios con la entrega y la fidelidad del  Apóstol. Necesitamos jóvenes valientes, que estén dispuestos a ofrecer sus vidas al servicio del Evangelio, de la iglesia y de sus hermanos. Dios sigue llamando. Busca colaboradores fieles que participen de la misión sacerdotal de Cristo. La crisis vocacional que asola a Occidente no es crisis de llamada, sino de respuestas. De ahí nuestra responsabilidad a la hora de suscitar vocaciones, sostenerlas y acompañarlas.

Me dirijo a los sacerdotes, consagrados, catequistas, profesores de Religión y padres cristianos, llamados a colaborar con el Señor en la hermosa tarea de suscitar vocaciones. No tengáis miedo ni vergüenza de hablar a los niños y jóvenes de la vocación en las clases, la catequesis, el hogar, la homilía y las reuniones de formación. Encarezco especialmente este encargo a los responsables de las pastorales juvenil y universitaria. Recuerdo a los sacerdotes y seminaristas que en este sector pastoral es importantísimo el testimonio ejemplar, luminoso y atrayente de su propia vida.

Damos gracias a Dios por los 43 alumnos del Seminario Metropolitano, los 13 del Seminario DiocesanoRedemptoris Mater, y los 9 del Seminario Menor. Todos ellos son un signo del amor y de la providencia de Dios para nuestra Iglesia diocesana. Encomendémosles para que sean fieles a la predilección que el Señor ha tenido con ellos y pidamos insistentemente al Dueño de la mies que siga enviando obreros a su mies.

Aunque no sea éste el aspecto más decisivo de la campaña, sí que quiero recordar a todos que el Seminario necesita medios económicos para asegurar la mejor formación posible de nuestros seminaristas. Por ello, pido a los sacerdotes y religiosos con cura de almas que hagan con todo interés la colecta a favor del Seminario, al mismo tiempo que pido a todos que sean generosos con sus aportaciones económicas.

Pongo la intención mayor de las vocaciones, en las manos maternales de Santísima Virgen de los Reyes. Para todos, y muy especialmente para los seminaristas y los jóvenes, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

Mons. Juan José Asenjo
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Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. CARGOS PASTORALES Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993). En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003. El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo. Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009. Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017). Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003. Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003. Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".