"Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?"

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar      «¿Qué mandáis hacer de mí?» Una frase de Santa Teresa de Jesús que resuena con una fuerza especial en este Año Jubilar Teresiano y como lema del Día del Seminario de este año, que celebraremos, D. m., el Domingo 22 de marzo. «¿Qué mandáis hacer de mí?»: con esta frase, pronunciada después de otra muy significativa («vuestra soy, para Vos nací») la santa se preguntaba sobre el plan de Dios para ella, pues se sabe toda suya y ha nacido sólo para servirle entregándose a Él.

Es también la pregunta que debe hacerse todo joven cristiano que quiera hacer un verdadero discernimiento vocacional y descubrir cuál es el camino y el plan que Dios tiene sobre él. Esta pregunta se la debe plantear no sólo el chico o la chica que vea que su camino es el de la entrega a Dios y a los hermanos en radicalidad y exclusividad, sino todo el que quiere responder con responsabilidad a lo que Dios tiene pensado para él. Sí, quien desea conocer la voluntad de Dios debe hacerse esa pregunta en el momento de su vida de planteamiento y discernimiento vocacional, que es la adolescencia y juventud, para descubrir que el camino por el que Dios le llama es bien concreto.

«¿Qué mandáis hacer de mí?»: esta pregunta se la debe hacer, de modo muy especial, todo seminarista que desde su vida y desde la ayuda que recibe en el Seminario va descubriendo (o por lo menos intuyendo) que Dios le puede estar llamando por el camino del sacerdocio ordenado. Cuando alguien, a corazón abierto, es capaz de preguntar a Dios «¿qué mandáis hacer de mí?» está diciéndole que no busca su comodidad, ni su egoísmo, ni se quiere dejar llevar por el materialismo reinante en nuestro mundo. Se está haciendo esa pregunta para responder de corazón a lo que el Señor le está sugiriendo. Para responder con autenticidad, sin dejarse llevar por intereses personales y egoístas, para no dejar que las llamadas del mundo pesen más que las llamadas de Dios, esta pregunta ha de hacerse teniendo en el corazón y en la vida una serie de importantes actitudes.

La primera actitud es la de la búsqueda sincera del plan de Dios sobre cada uno. La llamada de Dios la descubre sobre todo quien tiene un corazón inquieto, que busca realmente aquello que más pueda llenar su vida, que no se conforma con lo que recibe como llamada de una sociedad materialista y sin Dios. Buscar sinceramente el plan de Dios no es buscar lo cómodo, lo material, lo que va a pedir menos esfuerzo y sacrificio, ni la vocación que tiene más prestigio o la que le va a proporcionar más dinero; se trata de buscar la verdadera vocación, descubrir el camino por el que realmente Dios está llamando.

Una segunda actitud es la apertura de corazón y de alma para responder al plan de Dios, aunque ese plan no coincida con mis apetencias y planes personales. Se trata de ir con el corazón abierto, dispuesto a seguir el camino por el que Dios llama. No vale el autoconvencerse a uno mismo de que Dios no le llama para una determinada vocación porque parece demasiado comprometida y exigente. O autoconvencerse de que no se tienen cualidades para seguir ese camino. Se trata de estar dispuesto a seguir la llamada del Señor sea la que sea.

Una tercera actitud es la disponibilidad personal, la misma de Samuel cuando descubrió que era Dios quien le llamaba: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3, 10). No vale sólo descubrir que Dios llama personalmente por un camino bien concreto y determinado; es necesario estar dispuesto a responder positivamente, sea el que sea el camino por el que Dios llame, porque Dios llama para que le respondamos, no sólo para que descubramos un camino y lo veamos siempre bueno para los demás y nunca para uno mismo.

«¿Qué mandáis hacer de mí?»: es la pregunta que tienen que hacerse los padres a la hora de apoyar y acompañar a los hijos en el discernimiento vocacional de los mismos. De ninguna manera los padres pueden manipular la respuesta vocacional de sus hijos, orientándoles por otros caminos que no sean aquellos por los que Dios les puede llamar. Los padres han de tener muy presente que los hijos serán realmente felices no tanto porque tengan mucho, o gocen de mucho prestigio o persigan el pasarlo bien a costa de lo que sea, sino porque acierten a descubrir su verdadera vocación.

Cuando alguien encuentra, honrada y sinceramente, el que cree que es su camino y lo sigue, en él va a encontrar la verdadera felicidad porque la vocación mejor para cada uno es la suya y ahí es donde los padres tienen mucho que aportar. Si uno acierta a descubrir y seguir su verdadera vocación, en ella será mucho más feliz que quien lucha por hacer de los criterios mundanos del tener, el poder y el gozar la máxima aspiración de su vida, porque, al final, se va a sentir vacío y sin sentido, mientras que quien ha encontrado la que puede ser su vocación y la sigue, aunque le pida renuncia y sacrificio, encontrará el gozo.

«¿Qué mandáis hacer de mí?»: es la pregunta que todos y cada uno debemos hacernos cuando ya hemos descubierto nuestra vocación y la estamos viviendo porque el Señor nos va pidiendo que, en cada momento de nuestra existencia y de nuestra realización vocacional, actualicemos la pregunta para saber responderla con verdadera generosidad y auténtico compromiso. Debemos preguntarle constantemente al Señor lo que manda que nosotros hagamos porque estamos convencidos de que el Señor no solamente llama sino que nos ayuda a responder; por eso, cuando vemos dificultades en nuestro camino tenemos que pensar en lo que el Señor nos dice como a San Pablo: «te basta mi gracia» (1 Co 12, 9), confiando en que Él está ahí acompañándonos y dándonos cuanto necesitamos para serle fieles.

Que el Señor conceda a nuestra Iglesia diocesana vocaciones sacerdotales al servicio de nuestro pueblo y que sus llamadas encuentren respuesta positiva en el corazón de jóvenes generosos que, como Samuel, quieran decirle al Señor: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»(1 Sam 3, 10); que haya entre nosotros jóvenes sin miedos que sientan como Jeremías: «No les tengas miedo, que estoy contigo para salvarte» (Je 1, 8) y sepan responderle con la generosidad de los apóstoles quienes, dejando todo lo que era su vida, su profesión, su familia, se fueron con Él (cfr. Mc 1, 18).

Vuestro Obispo,

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.