“Hay mucha vida en cada vida”

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez       Con la fiesta de la Anunciación del Señor, el miércoles 25 de marzo, celebramos la «Jornada por la Vida», este año con el lema: “Hay mucha vida en cada vida”. A través de este día queremos reconocer y apreciar el don precioso de la vida humana, independientemente de cualquier circunstancia o condición. Toda vida humana es valiosa porque toda persona humana es imagen de Dios. Y para Dios, todos y cada uno de los seres humanos poseen un valor excepcional, único e irrepetible.

Como nos recuerda el Mensaje de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española: “Algunas personas son sujetos de una particular necesidad, vulnerabilidad o discapacidad. Lamentablemente hay quien piensa que esas vidas no merecen la pena y no son dignas de ser vividas. Ello es debido a que se considera que la vida sólo merece respeto cuando supera un cierto nivel de ‘calidad de vida’. Esta forma de pensar muestra la incapacidad de apreciar el valor y la dignidad de toda vida humana, más allá de sus condicionantes”. La vida nunca puede ser valorada desde el criterio exclusivo de la calidad o del bienestar material puesto que la vida humana no es un objeto de “usar y tirar” sino un sujeto sagrado.

La herida infligida por tantos atentados contra la vida humana, todos ellos contrarios a la razón y a la revelación cristiana, tales como el aborto y las manipulaciones de embriones que destruyen y desechan vidas humanas concebidas y en desarrollo, o la eutanasia de diverso género, que ya alcanza en algunas legislaciones incluso la vida de los niños discapacitados o caídos en enfermedades irreversibles, entre otras, aflige profundamente la conciencia moral de nuestras sociedades. Una sociedad que no respete y aprecie la vida humana, es una sociedad decadente e inhumana.

Cuando se deforma la verdad sobre el valor y respeto a la vida y se contempla con dolor y preocupación los ataques frontales e interesados contra este derecho fundamental y la amenaza de nuevos pasos, que se anuncian bajo el sofisma de progreso y modernidad, urge decir que no es un derecho  interrumpir una vida, ni adelantar una muerte. Toda norma que deje desprotegido el derecho fundamental de la vida siempre conllevará una grave injusticia y una violación a los derechos fundamentales de la persona.

Todos estamos llamados a implicarnos en la defensa de la vida en todos los estadios de la misma y especialmente de la más vulnerable, débil e indefensa. Un ser humano no pierde nunca su dignidad humana sea cual sea la circunstancia física, psíquica o relacional en la que se encuentre. Debemos evitar que la “cultura de la muerte” promocione, en las legislaciones civiles, agresiones contra la vida, presentadas como si fuesen manifestaciones de progreso o, aún más, como muestras de un auténtico humanitarismo.

Decir ‘sí’ a la vida es ofrecer un signo de esperanza a una sociedad que parece haberla perdido. La vida humana es un valor sagrado que debemos respetar y que toda legislación debe proteger. Urge anunciar, en nuestra sociedad, la “cultura de la vida”, una visión del ser humano en positivo, reivindicando las raíces de sus derechos fundamentales y aportando en la conciencia social el valor de la vida y la dignidad de la persona.

Que en este tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión, renovemos nuestro compromiso por la vida. Y que la Virgen María, que en el misterio de la Encarnación acogió en su seno al que es la Vida, Jesucristo, nos sostenga en este camino cuaresmal que conduce a la Pascua, fiesta de la Vida.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).