La reconciliación: el abrazo del padre

eusebiohernandezobtarazonaMons.  Eusebio Hernández      Queridos hermanos y amigos: En este quinto domingo de Cuaresma, tras la carta que os dirigí el pasado domingo sobre el Seminario, quiero hoy volver a reflexionar con vosotros sobre un tema que, de un modo especial, somos invitados a vivir en este tiempo de Cuaresma, me refiero al sacramento de la Penitencia o la Reconciliación. ¿Cuándo ha sido la última vez que te has confesado?

En estos últimos días de Cuaresma en muchas parroquias se organizan celebraciones comunitarias de la Penitencia con absolución individual, también muchos sacerdotes hacen más intenso su servicio a este sacramento, permaneciendo más tiempo disponibles para escuchar las confesiones de los fieles.

Os animo a todos a acercarnos a este sacramento que muchas veces hemos olvidado y que sigue siendo necesario para que nuestra fe se robustezca y nuestra vida cristiana se haga más intensa. Desearía también que los sacerdotes estuvierais más disponibles para acoger a los fieles e introducirles así en la misericordia de Dios.

El papa Francisco no se cansa de exhortarnos a vivir este sacramento, más aún, él mismo nos ha permitido verle acercándose hasta un confesor, es una catequesis elocuente sobre este sacramento y que, además, ha querido presentarnos en tantas catequesis de un modo sencillo pero claro.

Recientemente en febrero, en una de sus catequesis del miércoles nos presentaba este sacramento como un “auténtico tesoro” y nos recordó que el perdón de los pecados no es fruto de nuestro esfuerzo personal, sino don del Espíritu Santo que nos purifica con la misericordia y la gracia del Padre. Si es un “don”, o sea un regalo, es algo que debemos recibir con agradecimiento.

Muchas veces algunos fieles dicen que ya se arrepienten ante Dios y que no necesitan de la mediación de un sacerdote, frente a esta idea bastante extendida el Papa nos recordaba: “No basta pedir perdón al Señor interiormente; es necesario confesar con humildad los propios pecados ante el sacerdote, que representa a Dios y a la Iglesia”

El pecado siempre causa muchas heridas en nuestras vidas, nos hiere y hiere también a los demás. Ante una herida física necesitamos acudir a un médico o a alguien que esté capacitado para darnos la cura eficaz que necesitamos. Podemos decir que lo mismo sucede en el orden espiritual. Como señalaba el Papa: “El sacramento de la reconciliación es un sacramento de sanación. Cuando yo voy a confesarme, es para sanarme: sanarme el alma, sanarme el corazón por algo que hice no está bien. El ícono bíblico que los representa mejor, en su profundo vínculo, es el episodio del perdón y de la curación del paralítico, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y de los cuerpos” (Mc 2,1-12 / Mt 9,1-8; Lc 5,17-26).

Os invito, pues, a hacer examen de conciencia, a recuperar la conciencia de pecado que con frecuencia perdemos y acerquémonos hasta el sacramento de la reconciliación o de la penitencia y hagámoslo sin vergüenza porque, como dice el Papa: ¡Cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta!.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.