Sacerdotes que sirven la Iglesia

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    Llama poderosamente la atención que el Papa nos diga en el Mensaje de Cuaresma, (será bueno que lo leamos íntegro) que «La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente». Renovación que se ha de llevar adelante, como hemos reflexionado los domingos anteriores, llegando a vivir el encuentro personal con nuestro Señor Jesucristo, por eso entendemos bien lo que sigue: «La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre estos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos, y en esta participación en las cosas santas, nadie posee solo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar solo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación».

En efecto la dimensión comunitaria que tiene la Iglesia nace de la comunión de los Santos y de las cosas santas nos ha dicho: «La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo».

Por ser el jueves de esta semana San José, y en este día nos fijamos muy especialmente en el Seminario, deseo que, una vez más, tomemos conciencia de que no hay Eucaristía sin sacerdote que nos convoca, nos reúne y nos sirve la Mesa del Señor configurado con Jesucristo que se nos da en comida. Sí, el Seminario no es, sin más, un lugar de preparación para ejercer el sacerdocio para ser después un funcionario religioso. El Seminario es comunidad de personas que ha llamado el Señor para ser Él. Años de un progresivo querer, agradecidos, identificarse con Jesucristo para ser en el Cuerpo de Cristo, Cabeza de la Iglesia, decimos… «re-presentación de Jesucristo Cabeza de la Iglesia».

Sigue el Papa Francisco en su Mensaje: «Lo que hemos dicho para la Iglesia universal -su renovación cuaresmal- es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31)».

Sí, el Señor nos ha querido dar sacerdotes, nos ha donado, regalado, personas que por el poder de consagrar, predicar y regir al Pueblo de Dios tenga la audacia hoy de conocer a los miembros más débiles y sepa hacerse cargo de ellos. Querer estar atento a la posible llamada de Dios para ser sacerdote; querer tener un hijo o un nieto sacerdote es el mejor modo de vivir la comunión eclesial y sentirse implicado en esa imprescindible renovación de la Iglesia. Aquí no valen las palabras, las recomendaciones o las quejas sobre si el sacerdote es así o de la otra manera. Nuestra estima del sacerdote nace de ese más que especial encuentro personal con el Señor que nos dice: «Tomad y comed todos de él esto es mi Cuerpo».

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.