El Obispo de Cádiz evoca de Mons. Dorado su «riquísima personalidad, de ciencia, de cercanía pastoral»

Cádiz Obispo Zornoza con Mons. DoradoMons. Antonio Dorado Soto, quien fuera durante 20 años obispo de Cádiz y Ceuta ha fallecido hoy, en Málaga ciudad en la que residía, a la edad de 84 años. La capilla ardiente quedará instalada en la iglesia capitular del Sagrario de la capital malagueña.

Mons. Dorado Soto era natural de (Toledo), donde nació el 18 de junio de 1931. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Toledo y en la Universidad Pontificia de Comillas, recibiendo la Ordenación Sacerdotal el 1 de abril de 1956. Ese mismo año, en la citada Universidad, obtuvo la Licenciatura en Teología.

En sus primeros años de labor sacerdotal, Mons. Dorado Soto fue Profesor del Seminario Mayor y Menor de Toledo, y de la Escuela de Asistentes Sociales, Consiliario Diocesano de Apostolado Rural y Vice-Consiliario de Cursillos de Cristiandad en Toledo. También desempeñó los cargos de Capellán de Religiosas y de los Hermanos Maristas, y Vice-Consiliario del Consejo de Hombres de Acción Católica, en Toledo. En 1964 fue nombrado Consiliario Nacional de Apostolado Rural.

Posteriormente pasó a la Diócesis de Guadix, ocupando los cargos de Vicario General y de Arcediano del Cabildo Catedral. En 1969 fue elegido Vicario Capitular de la Diócesis de Guadix-Baza al quedar la sede vacante.

Obispo de Guadix, Cádiz y Ceuta y Málaga

Fue nombrado Obispo de la Diócesis de Guadix-Baza el 31 de marzo de 1970, recibiendo la Ordenación Episcopal el 10 de mayo del mismo año.

Tres años más tarde, el 4 de septiembre de 1973 el papa Pablo VI lo nombró Obispo de Cádiz-Ceuta, tomando posesión de esta Diócesis el 20 de octubre de ese año. En la diócesis gaditana transcurriría la mayor parte de su episcopado, con casi cerca de 20 años en esta sede hasta que, el 26 de Marzo de 1993 el Papa Juan Pablo II lo nombra Obispo de la Diócesis de Málaga, y toma posesión de la misma el 23 de Mayo del mismo año.

Durante estos años, Mons. Dorado Soto tomó parte en tres Sínodos ordinarios de los Obispos, el último de los cuales tuvo lugar en 1990 en el que se trató sobre la formación de los sacerdotes. Fue Obispo Delegado para la Vida Religiosa de la Asamblea de los Obispos del Sur.

El 18 de junio de 2006, presentó su renuncia al Santo Padre al alcanzar los 75 años de edad tal y como establece el Código de Derecho Canónico, aunque seguiría al frente de la diócesis malagueña hasta octubre de 2008, cuando el Santo Padre admitió su renuncia y  nombró Obispo de Málaga a Mons. D. Jesús Catalá Ibáñez, quedando D. Antonio Dorado como Obispo Emérito, siendo Obispo Administrador Apostólico hasta el 13 de diciembre, cuando toma posesión D. Jesús Catalá.

Declaraciones de Mons. Rafael Zornoza

Un hombre «muy querido en Cádiz»

Nada más conocer el fallecimiento de Mons. Antonio Dorado Soto, obispo emérito de Málaga, el obispo diocesano de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza, ha querido recordar la figura de su antecesor del que ha destacado el gran cariño de los fieles de Cádiz y Ceuta hacia el que fuera su pastor durante veinte años y su cercanía e inteligencia.

Mons. Zornoza ha señalado la «grandísima labor» realizada por Dorado Soto al que «le tocó recibir los primeros frutos del Concilio Vaticano II y la visión nueva de la Iglesia que se presentaba en los documentos y que había que llevarlo a la práctica». El prelado ha subrayado la confianza que Mons. Dorado Soto tenía en los sacerdotes y laicos de la diócesis y la puesta en marcha bajo su episcopado de «las semanas de la familia que duran todavía repartidas por toda la diócesis» o la «gran asamblea diocesana, del que salió un consejo pastoral que fue el primero o segundo de España».

Zornoza ha puesto el acento en la preocupación «social en una época difícil para Cádiz» que tuvo Mons. Dorado Soto y su impronta en la Iglesia española ya que «bajo su mandato en la comisión del Clero se hicieron dos congresos de espiritualidad que marcaron la vida de España y de los sacerdotes».

«Un hombre con una riquísima personalidad, de ciencia, de una cercanía pastoral que verdaderamente se recordará mucho tiempo y al que la Iglesia le debe tanto y eso los gaditanos lo saben, le quieren mucho y ahora sienten su pérdida» ha concluido el obispo de Cádiz y Ceuta.

DECLARACIONES SACERDOTES

Los sacerdotes Antonio Alcedo, Enrique Arroyo y José Carlos Muñoz, conocieron de cerca a Mons. Antonio Dorado Soto. Durante su etapa como obispo de Cádiz y Ceuta, los que fueran Delegado de Enseñanza y Catequesis y Director Espiritual del Seminario; Secretario General de Pastoral y Vicario General; y Canciller Secretario, respectivamente, nos hablan de su relación con él tras conocer la noticia de su fallecimiento.

Antonio Alcedo

Llegó a Cádiz en 1973, fue el que empezó a aplicar el Concilio Vaticano II y el que lo llevó adelante en la diócesis. Lo primero que hizo a su llegada fue convocar una gran asamblea diocesana, una especie de sínodo, que con el paso de los años derivó en el Consejo Pastoral Diocesano, que fue uno de los primeros de España y que todavía sigue vigente. Como obispo de Cádiz y Ceuta participó en dos sínodos: en el de la Evangelización con el Papa Pablo VI y en el del Apostolado de los Laicos con el Papa Juan Pablo II.

Enrique Arroyo

Fue un hombre íntegro, con una capacidad de trabajo y de síntesis admirable. Hizo avanzar a la diócesis en un camino auténtico. Cariñoso al máximo y preocupado por los sacerdotes. Hemos perdido a un gran hombre.

José Carlos Muñoz         

Lo conocí muy joven en Guadix. Hombre de inteligencia preclara, un profesor suyo en Comillas me dijo una vez “la mejor cabeza que ha pasado por Comillas”. Una persona de trato exquisito y de gran educación, pero muy sencillo y cariñoso. Trabajador incansable, no dormía. En las reuniones era indecible, lo guardaba todo en la memoria. Era un hombre de difícil discusión por su inteligencia. En definitiva, uno de los grandes hombre con los que me he topado.

(Diócesis de Cádiz y Ceuta)

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