Con motivo del Día del Seminario

Astorga Obispo Camilo LorenzoMons. Camilo Lorenzo     Queridos sacerdotes y diocesanos todos:

La Campaña del Día del Seminario, que siempre llega de la mano de San José en el mes de marzo, está a punto de comenzar. Este año tiene como lema, inspirado en la figura de Santa Teresa de Jesús, por celebrarse el V Centenario de su nacimiento: “Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?”

Al mirar a San José, igual que a Santa Teresa, vemos su disposición generosa a la hora de cumplir la voluntad de Dios y dejar que la Palabra conformara su vida. Ellos son un ejemplo para nosotros, que intentamos seguir la voluntad del Señor, a pesar de los obstáculos que encontramos en el camino. Todos los bautizados estamos llamados a abrir las puertas de nuestro corazón a la gracia que Dios nos otorga, para poder cumplir con fidelidad su voluntad, único camino de realización plena y feliz de nuestras vidas. Si lo hacemos así, y lo enseñamos a hacer a nuestros niños y jóvenes, surgirán los cooperadores humildes que Jesús está llamando a ser “pescadores de hombres”.

Se ha dicho muchas veces que el Seminario es “el corazón de la Diócesis” y, por ello, lo que en él ocurra nos afecta a todos. De una u otra forma, los católicos estamos implicados en la tarea de promover e impulsar las vocaciones sacerdotales, bien sea con nuestra oración, sacrificios, aportación económica, diversas colaboraciones… Al obispo se le encomienda de una forma muy especial la tarea del cuidado de la pastoral vocacional, así como la responsabilidad de velar para que los candidatos al sacerdocio reciban la formación adecuada. ¡Pocas tareas habrá que le sean más propias y más urgentes!

Por mi parte, he intentado siempre dedicar esta atención al Seminario y al cuidado de las vocaciones en nuestra Diócesis de Astorga. Movido por esta responsabilidad, he promovido la nueva estructura del Seminario Menor que, por segundo año, desarrolla su actividad vocacional en Ponferrada. De entre los muchachos que reciben su formación y realizan su discernimiento en él, sea como internos o en familia, esperamos que algunos puedan, en su momento, dar el paso al Seminario Mayor.

Movido por la misma responsabilidad, hace seis años, decidí enviar a los seminaristas mayores de nuestra Diócesis a recibir su formación en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela. Se trató de una decisión difícil y dolorosa, porque de alguna manera suponía perder la presencia continuada del Seminario Mayor entre nosotros, pero parecía lo más conveniente para ofrecer, a quienes deseaban ser sacerdotes, la mejor formación posible. En aquel momento, con un único seminarista mayor, fue mi deseo garantizar un proceso, unos estudios y un ambiente que facilitasen al máximo todo cuanto exige la formación de un sacerdote.

La experiencia de estos años ha sido muy positiva. La Archidiócesis de Santiago y su Seminario Mayor nos han dispensado toda serie de atenciones y facilidades, volcándose en la formación y cuidado de nuestros seminaristas, como si de los suyos propios se tratase. Los seminaristas de Astorga han encontrado en Santiago una comunidad formativa que ha velado por su vocación y les ha ofrecido el enriquecimiento humano y espiritual necesario para consolidarla.

Si durante este tiempo, fructífero sin duda, hemos experimentado alguna dificultad, ésta ha sido únicamente la de la inevitable distancia. La lejanía geográfica entre Santiago y Astorga ha dificultado la inserción pastoral de los seminaristas en nuestra Diócesis y ha mermado considerablemente sus posibilidades de conocimiento y participación en nuestra realidad eclesial.

El Plan de Formación Sacerdotal para los Seminario Mayores contempla, es más, en algunos casos recomienda, que los alumnos de un Seminario Diocesano realicen sus estudios en Facultades o Centros situados fuera de la propia diócesis, buscando una mejor formación. Pero también, en estos casos, insiste en la necesidad de:“poner sumo interés por que estos seminaristas mantengan habitualmente una vinculación real y estrecha con el Obispo, con el Presbiterio y con la realidad de la Iglesia local a la que pertenecen y a cuyo servicio serán un día ordenados”. A este respecto, el documento señala que “la prudencia pastoral del Obispo y de los Formadores del Seminario arbitrarán los medios más adecuados para que los seminaristas cultiven su espíritu diocesano y para proponerles fórmulas viables y concretas de comunicación y de trato pastoral con su comunidad diocesana”.

Movido por la misma responsabilidad con la que siempre he intentado proceder, después de una reflexión y análisis sereno de todos los elementos a tener en cuenta, y consciente de las posibilidades y limitaciones que toda realidad tiene, he decidido que nuestros seminaristas mayores regresen el próximo curso 2015-2016 a nuestro Seminario Mayor Diocesano de Astorga.

En la actualidad, nuestro Seminario Mayor cuenta con cinco seminaristas estudiando en Santiago, además de los que se encuentran en etapa pastoral o ampliando estudios. Si Dios lo quiere, con el inicio del curso podría darse alguna nueva incorporación. Son todavía pocos, pero son ya una pequeña comunidad. Apoyado en esta esperanza, considero que, en este momento, puede ser más adecuado, para ellos y para la Diócesis, su regreso a la misma. Aquí podrán participar de la vida diaria de nuestra Iglesia, realizar sus experiencias pastorales e insertarse en la realidad a la que un día habrán de servir.

Hay otro motivo todavía que hace posible tomar esta decisión. La Diócesis hermana de León, muy cercana geográficamente a nosotros, mantiene abierto su Centro Superior de Estudios Teológicos, gracias a que en él estudian, además de los seminaristas del Seminario Diocesano, los del Seminario Misionero Redemptoris Mater. En el presente curso, son más de 20 los alumnos que realizan allí sus estudios. Se han mantenido las conversaciones necesarias, considerando la posibilidad de que los seminaristas de Astorga se incorporasen también a realizar sus estudios en este Centro. También en esta ocasión hemos encontrado acogida y, tanto el Sr. Obispo de León como los responsables del centro de Estudios, valoran como positiva para todos esta posibilidad que se presenta.

Así pues, si Dios quiere, a partir del próximo curso, los Seminaristas Mayores de nuestra Diócesis residirán y vivirán su formación sacerdotal en el Seminario de Astorga y acudirán diariamente a recibir su formación académica al Centro Superior de Estudios Teológicos de León. Pienso que, de este modo, podremos conjugar dos necesidades: una adecuada formación teológica, humanamente enriquecedora por el número de alumnos y profesores, y la necesaria preparación para ser pastores de nuestra Iglesia particular, favoreciendo su conocimiento e inserción en la misma.

Esta decisión que tomamos ahora en Astorga se ha puesto en práctica ya anteriormente en otras muchas diócesis. En la actualidad, los números generalmente pequeños de seminaristas en los seminarios, aconsejan buscar fórmulas de colaboración que permitan ofrecer a los candidatos al sacerdocio una adecuada formación, sin perder la necesaria diocesaneidad de la misma. Deseo que esta decisión nos permita ofrecer ambas cosas a nuestros seminaristas y, a la vez, que toda la comunidad diocesana se beneficie de su presencia entre nosotros.

No puedo dejar de manifestar por todos los medios a mi alcance la enorme gratitud que tengo, y debemos tener todos, a la Diócesis de Santiago. A ellos les confiamos un día la formación de nuestros seminaristas y puedo decir que han dedicado alma y cuerpo a esta tarea. Su Arzobispo, tan querido para nosotros, el Rector y todo el equipo del Seminario, los profesores del ITC, los párrocos de pastoral, así como los propios seminaristas compostelanos, han sido padres, hermanos, formadores y amigos para los seminaristas de Astorga durante 6 años. A todos ellos, mi agradecimiento más profundo y el de toda nuestra Diócesis. Estas cosas no se pagan humanamente, es imposible, y sólo se entienden cuando se sabe y se vive lo que es ser iglesia Católica.

A nosotros nos toca ahora celebrar y gozar con la posibilidad de recuperar la formación de los seminaristas entre nosotros y continuar, acrecentar diría, nuestra colaboración con los seminarios diocesanos. Queridos sacerdotes, vosotros debéis ser los primeros colaboradores de nuestros seminarios: cultivad la pastoral con los niños y jóvenes, invitadles a las actividades que se preparan para ellos, ayudadles a descubrir la belleza de los sacramentos, iniciadles a la dirección y acompañamiento espiritual.

Queridos diocesanos todos, vivamos con ilusión y compromiso la campaña del Día del Seminario de este año. Participemos en las distintas actividades, colaboremos con nuestra contribución económica y, sobre todo, oremos. Oremos y ofrezcamos nuestros sacrificios cuaresmales por las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis. Oremos por nuestros Seminarios Diocesanos Mayor y Menor, oremos por nuestros seminaristas y por sus formadores, y comprometámonos todos en la promoción de la pastoral vocacional. Seamos ejemplo y ayuda para que nuestros jóvenes puedan escuchar la llamada y entregarse con generosidad a anunciar la alegría del Evangelio, como sacerdotes.

+ Camilo Lorenzo Iglesias

Obispo de Astorga

Mons. Camilo Lorenzo Iglesias
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Nació en Porto do Souto - S. Mamed de Canda, Orense, el 7 de agosto de 1940. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Orense entre 1954-1966. Cursó la Licenciatura en ciencias Químicas por la Universidad de Santiago de Compostela entre 1966 y 1972. CARGOS PASTORALES Profesor en el Seminario Menor de Orense (1972-1995). Vicario parroquial de Ntra. Sra. de Fátima de Orense entre 1972 y 1983. Fue Rector del Seminario Menor de Orense entre 1983-1992 y Rector del Seminario Mayor entre 1992-1995. Además, fue miembro del Colegio de Consultores. El día 14 de Junio de 1995 se hizo público su nombramiento como Obispo de Astorga y el 30 de Julio del mismo año fue consagrado en la Catedral de Astorga. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la comisión Episcopal de Misiones desde el año 2005. De 1996 a 2008 formó parte de la Comisión de Seminarios y Universidades.